Hoy traemos a la oración la figura de Nicodemo. Una autoridad de los judíos, miembro del Sanedrín, que, intrigado, va a buscar a Jesús.
Como en todos los encuentros de Jesús, la persona que lo encuentra experimenta un cambio en su vida. Jesús nos ve tal cual somos. Nos conoce en lo más profundo de nosotros mismos.
Nicodemo lo hace de noche en la experiencia de oscuridad en su vida y Jesús le dice que tiene que nacer de nuevo. No le pide que cambie, sino que nazca de nuevo, que deje al hombre que ha sido para renacer del Agua y del Espíritu. El agua que limpia y el espíritu, el fuego que arde por dentro.
En esta Cuaresma podemos preguntarnos: ¿cómo ser mejor cristiano? ¿cómo vivir más a fondo nuestra vida religiosa? ¿cómo superar la infidelidad y el pecado? ¿cómo salir de nuestras crisis?
Jesús no da respuestas a Nicodemo, ni a nosotros. Es un proceso, un dejarse llevar, buscar la Luz, meditar la Palabra, cantar como dice el salmo junto a los canales de Babilonia, soñar, amar la tarea de cada día; la respuesta está en el viento. Lo esencial es que Dios ha tomado la iniciativa y la decisión de amarnos para cambiarnos. Éste es el nuevo nacimiento y el descubrimiento que todo es gracia: “por pura gracia estáis salvados”.
Cada semana, unimos la Palabra y el canto para ayudar a profundizar en la Oración.
Los cascabeles nos llaman a la oración y nos recuerdan la Alegría del Evangelio.
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2024/09/17
2023/04/20
Ciclo A Domingo IV del Tiempo de Cuaresma (ACUA04)
¡Creo, Señor!
Jesús nos mira de una manera diferente. Nos llama, nos busca, no nos abandona. Salió al encuentro al ciego de nacimiento, sintió el dolor de su vida y le descubrió la luz. Y el ciego, por primera vez en su vida, salió de las tinieblas y ese encuentro cambió su vida.
Déjate encontrar por Jesús, deja que te ilumine, deja que te abra los ojos y siente que está a tu lado, escúchale en el fondo de ti mismo. Él es el que de verdad te conoce, te llama por tu nombre y no te abandona nunca.
Muchas veces es más cómodo no complicarse la vida, cerrar los ojos a la verdad y vivir engañándonos a nosotros mismos. Jesús nos pide abrir los ojos, dejarnos alumbrar, comenzar a ver la realidad que nos rodea con una luz nueva que nos anima a cambiar y a decir ¡Creo Señor!
Déjate encontrar por Jesús, deja que te ilumine, deja que te abra los ojos y siente que está a tu lado, escúchale en el fondo de ti mismo. Él es el que de verdad te conoce, te llama por tu nombre y no te abandona nunca.
Muchas veces es más cómodo no complicarse la vida, cerrar los ojos a la verdad y vivir engañándonos a nosotros mismos. Jesús nos pide abrir los ojos, dejarnos alumbrar, comenzar a ver la realidad que nos rodea con una luz nueva que nos anima a cambiar y a decir ¡Creo Señor!
2022/03/20
Ciclo C Domingo del Tiempo de Cuaresma IV (CCUA04)
Misericordiados
Hoy, más que en ninguna otra ocasión, queremos que este momento de oración, si bien comunitario, te lleve al encuentro íntimo con el Padre. Jesús te lo ha repetido hasta la saciedad: busca en lo profundo, aíslate del ruido exterior, invoca al Espíritu Santo y déjate empapar por tu Dios. Él te habita.
Lucas culmina aquí su secuencia magistral de pérdidas, búsquedas y encuentros: la oveja, la moneda y, ahora, el hijo. Y su relato no escatima detalles: ese padre que renuncia a su rango patriarcal hasta un punto que ningún judío consideraría cabal, y “les reparte los bienes” a los dos hijos de forma prematura. Ese hijo pequeño que toca fondo tras creerse autosuficiente absoluto y vuelve arrepentido, bajo mínimos. El mayor que, no menos orgulloso, lamenta la afrenta del presunto menosprecio…
No busques buenos ni malos en esta historia, ni la conviertas en una narración ejemplar. A poco que te quites las máscaras, descubrirás que en ti están los tres: el que ama de forma incondicional, el crápula y el que juzga señalando con el dedo acusador. La cuota de protagonismo que otorgues a cada uno en tu vida, es cosa tuya.
Para ser misericordioso es imprescindible haberse sentido “misericordiado”. Te proponemos que busques en ti ese momento de fragilidad absoluta en que alguien o algo te ha sacado a flote, “has sido pescado” y sacado del agua. A partir de ahí, ponte alerta y procura hacer lo mismo con los demás: lleva sus penas a tu corazón y ayúdales a sanar. Eso es la misericordia. Eso es ser evangelio. Sé Jesús con tu hermano.
Lucas culmina aquí su secuencia magistral de pérdidas, búsquedas y encuentros: la oveja, la moneda y, ahora, el hijo. Y su relato no escatima detalles: ese padre que renuncia a su rango patriarcal hasta un punto que ningún judío consideraría cabal, y “les reparte los bienes” a los dos hijos de forma prematura. Ese hijo pequeño que toca fondo tras creerse autosuficiente absoluto y vuelve arrepentido, bajo mínimos. El mayor que, no menos orgulloso, lamenta la afrenta del presunto menosprecio…
No busques buenos ni malos en esta historia, ni la conviertas en una narración ejemplar. A poco que te quites las máscaras, descubrirás que en ti están los tres: el que ama de forma incondicional, el crápula y el que juzga señalando con el dedo acusador. La cuota de protagonismo que otorgues a cada uno en tu vida, es cosa tuya.
Para ser misericordioso es imprescindible haberse sentido “misericordiado”. Te proponemos que busques en ti ese momento de fragilidad absoluta en que alguien o algo te ha sacado a flote, “has sido pescado” y sacado del agua. A partir de ahí, ponte alerta y procura hacer lo mismo con los demás: lleva sus penas a tu corazón y ayúdales a sanar. Eso es la misericordia. Eso es ser evangelio. Sé Jesús con tu hermano.
2021/03/09
Ciclo B Domingo IV del Tiempo de Cuaresma (BCUA04)
En la profundidad de su abrazo encontramos nuestra plenitud
Se conmueven nuestras entrañas al contemplar la misericordia y el amor de Dios que nos ha hecho vivir con Cristo, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con Él: Este es nuestro destino eterno.
Nuestro caminar en la vida se culmina en el eterno abrazo del Padre.
Caminamos día a día, en la noche, con la esperanza del encuentro con Jesús, con el deseo de vivir en la Luz para volver a ser luz para otros.
La Luz verdadera es la que puede fortalecernos estando unidos como comunidad de Jesús.
Contemplar al Crucificado y dejarnos mirar con su mirada que nos trasciende.
Dios entregó a su Hijo. Jesús con los brazos abiertos, nos acoge, nos bendice, nos abraza y permanece con nosotros en nuestro titubeante caminar, sabiendo nuestra necesidad infinita de amor.
Nuestro caminar en la vida se culmina en el eterno abrazo del Padre.
Caminamos día a día, en la noche, con la esperanza del encuentro con Jesús, con el deseo de vivir en la Luz para volver a ser luz para otros.
La Luz verdadera es la que puede fortalecernos estando unidos como comunidad de Jesús.
Contemplar al Crucificado y dejarnos mirar con su mirada que nos trasciende.
Dios entregó a su Hijo. Jesús con los brazos abiertos, nos acoge, nos bendice, nos abraza y permanece con nosotros en nuestro titubeante caminar, sabiendo nuestra necesidad infinita de amor.
2020/03/19
Ciclo A Domingo IV del Tiempo de Cuaresma (ACUA04)
¡Creo, Señor!
Jesús nos mira de una manera diferente. Nos llama, nos busca, no nos abandona. Igual que al ciego de nacimiento; le salió al encuentro, sintió el dolor de su vida y le descubrió la luz. Y el ciego, por primera vez en su vida, salió de las tinieblas y ese encuentro cambió su vida.
Déjate encontrar por Jesús, deja que te ilumine, deja que te abra los ojos y siente que está a tu lado, escúchale en el fondo de ti mismo. Él es el que de verdad te conoce, te llama por tu nombre y no te abandona nunca.
Muchas veces es más cómodo no complicarse la vida, cerrar los ojos a la verdad y vivir engañándonos a nosotros mismos. Jesús nos pide abrir los ojos, dejarnos alumbrar, comenzar a ver la realidad que nos rodea con una luz nueva que nos anima a cambiar y a decir ¡Creo Señor!.
Déjate encontrar por Jesús, deja que te ilumine, deja que te abra los ojos y siente que está a tu lado, escúchale en el fondo de ti mismo. Él es el que de verdad te conoce, te llama por tu nombre y no te abandona nunca.
Muchas veces es más cómodo no complicarse la vida, cerrar los ojos a la verdad y vivir engañándonos a nosotros mismos. Jesús nos pide abrir los ojos, dejarnos alumbrar, comenzar a ver la realidad que nos rodea con una luz nueva que nos anima a cambiar y a decir ¡Creo Señor!.
2019/03/25
Ciclo C Domingo del Tiempo de Cuaresma 4 (CCUA04)
Misericordiados
Hoy, más que en ninguna otra ocasión, queremos que este momento de oración, si bien comunitario, te lleve al encuentro íntimo con el Padre. Jesús te lo ha repetido hasta la saciedad: busca en lo profundo, aíslate del ruido exterior, invoca al Espíritu Santo y déjate empapar por tu Dios. Él te habita.
Lucas culmina aquí su secuencia magistral de pérdidas, búsquedas y encuentros: la oveja, la moneda y, ahora, el hijo. Y su relato no escatima detalles: ese padre que renuncia a su rango patriarcal hasta un punto que ningún judío consideraría cabal, y “les reparte los bienes” a los dos hijos de forma prematura. Ese hijo pequeño que toca fondo tras creerse autosuficiente y absoluto y vuelve arrepentido bajo mínimos. El mayor que, no menos autosuficiente, sufre la afrenta del presunto menosprecio…
No busques buenos ni malos en esta historia, ni la convirtamos en una narración ejemplar. A poco que te quites las máscaras, descubrirás que en ti están los tres: el que ama de forma incondicional, el crápula, el que juzga señalando con el dedo acusador…
Para ser misericordioso es imprescindible haberse sentido misericordiado. Te proponemos que busques en ti ese momento de fragilidad absoluta en que alguien o algo te ha sacado a flote, “has sido pescado” y sacado del agua. A partir de ahí, ponte alerta y procura hacer lo mismo con los demás: lleva sus penas a tu corazón y ayúdales a sanar. Eso es la misericordia. Eso es ser evangelio. Sé Jesús con tu hermano.
Lucas culmina aquí su secuencia magistral de pérdidas, búsquedas y encuentros: la oveja, la moneda y, ahora, el hijo. Y su relato no escatima detalles: ese padre que renuncia a su rango patriarcal hasta un punto que ningún judío consideraría cabal, y “les reparte los bienes” a los dos hijos de forma prematura. Ese hijo pequeño que toca fondo tras creerse autosuficiente y absoluto y vuelve arrepentido bajo mínimos. El mayor que, no menos autosuficiente, sufre la afrenta del presunto menosprecio…
No busques buenos ni malos en esta historia, ni la convirtamos en una narración ejemplar. A poco que te quites las máscaras, descubrirás que en ti están los tres: el que ama de forma incondicional, el crápula, el que juzga señalando con el dedo acusador…
Para ser misericordioso es imprescindible haberse sentido misericordiado. Te proponemos que busques en ti ese momento de fragilidad absoluta en que alguien o algo te ha sacado a flote, “has sido pescado” y sacado del agua. A partir de ahí, ponte alerta y procura hacer lo mismo con los demás: lleva sus penas a tu corazón y ayúdales a sanar. Eso es la misericordia. Eso es ser evangelio. Sé Jesús con tu hermano.
2018/03/05
Ciclo B Tiempo de Cuaresma 4 (BCUA04)
Renacer en el Amor
Hoy
traemos a la oración la figura de Nicodemo.
Una autoridad de los judíos, miembro del Sanedrín, que va a buscar a
Jesús. Como en todos los encuentros de Jesús, la persona que lo encuentra
experimenta un cambio en su vida. Jesús nos ve tal cual somos. Nos conoce en lo
más profundo de nosotros mismos. Nicodemo
lo hace de noche en la experiencia de oscuridad en su vida y Jesús le dice que
tiene que nacer de nuevo. No le pide que cambie sino que nazca de nuevo, que
deje al hombre que ha sido para renacer
del Agua y del Espíritu. El agua que
limpia y el espíritu, el fuego que arde
por dentro.
En esta Cuaresma podemos
preguntarnos: ¿cómo ser mejor cristiano? ¿cómo vivir más a fondo nuestra vida
religiosa? ¿cómo superar la infidelidad y el pecado? ¿cómo salir de nuestras
crisis? Jesús no da respuestas a Nicodemo ni a nosotros. Es un proceso, un dejarse llevar, buscar la
Luz, meditar la Palabra, cantar como dice el salmo junto a los canales de
Babilonia, soñar, amar la tarea de cada día; la respuesta está en el viento. Lo
esencial es que Dios ha tomado la iniciativa y la decisión de amarnos para
cambiarnos. Éste es el nuevo nacimiento y el descubrimiento que todo es gracia:
“por pura gracia estáis salvados”.
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