Juan el Bautista, grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas, (…) Y todos verán la salvación de Dios”.
Una misión clara y definida. Pero… ¿a qué caminos se refiere? ¿Qué sendas son las que debemos enderezar? ¿Cómo preparar el camino? ¿Qué montañas son las que debemos superar?
No es tarea fácil, y puede que tengamos la misma sensación que Juan “predicando en el desierto”. Puede que el camino que construimos no llegue a ninguna parte, pero Dios nos pide confianza, sabiendo que construyendo caminos de Amor y Paz, “todos verán la salvación de Dios”.
El desierto es un lugar para vivir con lo esencial, no hay lugar para lo superfluo, para distracciones del camino que conduce a la meta
¿Nos perdemos buscando el camino acertado en nuestra vida?
Cada semana, unimos la Palabra y el canto para ayudar a profundizar en la Oración.
Los cascabeles nos llaman a la oración y nos recuerdan la Alegría del Evangelio.
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2026/08/02
Ciclo C
Domingo I del Tiempo de Adviento
(CADV01)
¡El que es de la VERDAD, escucha mi VOZ!
Este domingo comenzamos el tiempo de Adviento. Una llamada a mantenernos despiertos, cuidando la oración, confiando y esperando en su Palabra. Despertad la fe, levantaos, animaos unos a otros, alzad la cabeza, estad atentos a su venida…se acerca vuestra liberación.
Vivir despiertos significa vivir con pasión la pequeña aventura de cada día. No desentendernos de quien nos necesita. Seguir haciendo esos “pequeños gestos” que aparentemente no sirven para nada, pero que sostienen la esperanza de las personas y hacen la vida un poco más amable..
Vivir despiertos significa despertar nuestra fe. Buscar a Dios en la vida y desde la vida. Intuirlo muy cerca de cada persona. Descubrirlo atrayendo a todos hacia la felicidad. Vivir no solo de nuestros pequeños proyectos, sino atentos a la voluntad de Dios.
Señor: abre nuestros ojos, nuestros oídos y sobre todo nuestro corazón para que en esta oración nos encontremos contigo, con nuestros hermanos y nos ayude a prepararnos en este tiempo de adviento.
Vivir despiertos significa vivir con pasión la pequeña aventura de cada día. No desentendernos de quien nos necesita. Seguir haciendo esos “pequeños gestos” que aparentemente no sirven para nada, pero que sostienen la esperanza de las personas y hacen la vida un poco más amable..
Vivir despiertos significa despertar nuestra fe. Buscar a Dios en la vida y desde la vida. Intuirlo muy cerca de cada persona. Descubrirlo atrayendo a todos hacia la felicidad. Vivir no solo de nuestros pequeños proyectos, sino atentos a la voluntad de Dios.
Señor: abre nuestros ojos, nuestros oídos y sobre todo nuestro corazón para que en esta oración nos encontremos contigo, con nuestros hermanos y nos ayude a prepararnos en este tiempo de adviento.
2022/11/14
Ciclo C Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario (CTOR34)
¡Toma tu cruz y sígueme!
El Evangelio de hoy nos acerca a una situación apocalíptica, pero Jesús nos dice “calma”, eso tiene que ocurrir.
Hoy el Evangelio de Lucas nos lleva al Gólgota para comprobar el amor inquebrantable de Jesús. Asistimos a las burlas de todos los que consideran que Jesús es un loco que se cree Rey. Sin embargo, no son capaces de ver más allá de las palabras. Su Reino es diferente, no es un reino de gloria y de poder, sino de servicio, amor y entrega total, para rescatar al ser humano del mal, el pecado y la muerte.
Nadie se ha fijado en su mirada compasiva hacia el ser humano, hasta que, en medio de todas estas burlas, surge una invocación: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Solo una persona es capaz de ver su inocencia, confesar su culpa y, lleno de confianza, pedirle que se acuerde él. Jesús le responde de inmediato: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Los dos agonizan, unidos en el desamparo y la impotencia. Pero hoy mismo estarán los dos juntos disfrutando de la vida del Padre.
La Cruz nos habla del Amor crucificado de Dios y nos invita a seguir su ejemplo. Lo que nos pide, de manera insistente, no es besar la Cruz, sino cargar con ella. Nos dice: «Si alguno viene detrás de mí, que cargue con su cruz y me siga». Una cruz de servicio a los demás, de acogida, de perdón, de alegría, de….
En nuestro mundo actual, ¿qué vemos nosotros ahora en la cruz de Jesús?,
Nosotros, ¿Con qué cruz seguimos los pasos de Jesús?
Hoy el Evangelio de Lucas nos lleva al Gólgota para comprobar el amor inquebrantable de Jesús. Asistimos a las burlas de todos los que consideran que Jesús es un loco que se cree Rey. Sin embargo, no son capaces de ver más allá de las palabras. Su Reino es diferente, no es un reino de gloria y de poder, sino de servicio, amor y entrega total, para rescatar al ser humano del mal, el pecado y la muerte.
Nadie se ha fijado en su mirada compasiva hacia el ser humano, hasta que, en medio de todas estas burlas, surge una invocación: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Solo una persona es capaz de ver su inocencia, confesar su culpa y, lleno de confianza, pedirle que se acuerde él. Jesús le responde de inmediato: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Los dos agonizan, unidos en el desamparo y la impotencia. Pero hoy mismo estarán los dos juntos disfrutando de la vida del Padre.
La Cruz nos habla del Amor crucificado de Dios y nos invita a seguir su ejemplo. Lo que nos pide, de manera insistente, no es besar la Cruz, sino cargar con ella. Nos dice: «Si alguno viene detrás de mí, que cargue con su cruz y me siga». Una cruz de servicio a los demás, de acogida, de perdón, de alegría, de….
En nuestro mundo actual, ¿qué vemos nosotros ahora en la cruz de Jesús?,
Nosotros, ¿Con qué cruz seguimos los pasos de Jesús?
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Toma tu cruz y sígueme
2022/11/11
Ciclo C Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario (CTOR33)
¡Mirad que nadie os engañe!
El Evangelio de hoy nos acerca a una situación apocalíptica, pero Jesús nos dice “calma”, eso tiene que ocurrir.
La verdad es que el Evangelio nos acerca a las noticias de hoy; de todos los rincones del mundo oímos hablar de guerras y revoluciones, también de pueblos que se alzan contra pueblos, de epidemias, de hambre, de terremotos, de personas huyendo de sus hogares, de pateras atravesando el Mediterráneo. ¿Qué diferencia hay entre este panorama y el reflejado por Jesús? Vivimos en un mundo de conflictos, Siria, Iraq, refugiados, inmigrantes, violencia entre unos y otros. Y, nosotros, … ¿qué hacemos?
Jesús nos pide calma, pero ¿cómo tenerla en medio de estas situaciones angustiosas? Se dice que en tiempos de crisis es cuando se cambian las cosas, por tanto, no son tiempos de fracaso sino de sacar lo mejor de nosotros mismos y, por tanto, ¿Qué podemos cambiar nosotros?
Jesús nos pide testimonio en estos momentos, nos pide optar por sus favoritos, por los más desfavorecidos que están soportando esta crisis.
Nos podemos preguntar ¿Cómo estamos reaccionando frente a esta larga crisis? ¿Al lado de quien nos hemos colocado? ¿Vivimos con los ojos abiertos o de espaldas a lo que está ocurriendo? ¿Hemos cambiado algo en nuestra vida para mejorar la vida de otros? ¿Cómo estamos acogiendo a los demás?... la atención la celeridad con la que el administrador de la parábola se pone a trabajar…, en su propio beneficio. ¿Tenemos la misma astucia y rapidez cuando se trata de trabajar en beneficio de los demás?
Puede ser que el administrador esté calculando su beneficio en la administración y con su parte habla con cada uno de los deudores de su amo, Nosotros, ¿a qué dedicamos “nuestra” riqueza? ¿Cómo la administramos?
Somos administradores de nuestra vida, y por ello, nuestra relación con los demás se basa en nuestras prioridades. ¿Cuáles son? ¿Somos de fiar en lo mucho o en lo poco?
El domingo celebramos la Jornada Mundial de los Pobres.
La verdad es que el Evangelio nos acerca a las noticias de hoy; de todos los rincones del mundo oímos hablar de guerras y revoluciones, también de pueblos que se alzan contra pueblos, de epidemias, de hambre, de terremotos, de personas huyendo de sus hogares, de pateras atravesando el Mediterráneo. ¿Qué diferencia hay entre este panorama y el reflejado por Jesús? Vivimos en un mundo de conflictos, Siria, Iraq, refugiados, inmigrantes, violencia entre unos y otros. Y, nosotros, … ¿qué hacemos?
Jesús nos pide calma, pero ¿cómo tenerla en medio de estas situaciones angustiosas? Se dice que en tiempos de crisis es cuando se cambian las cosas, por tanto, no son tiempos de fracaso sino de sacar lo mejor de nosotros mismos y, por tanto, ¿Qué podemos cambiar nosotros?
Jesús nos pide testimonio en estos momentos, nos pide optar por sus favoritos, por los más desfavorecidos que están soportando esta crisis.
Nos podemos preguntar ¿Cómo estamos reaccionando frente a esta larga crisis? ¿Al lado de quien nos hemos colocado? ¿Vivimos con los ojos abiertos o de espaldas a lo que está ocurriendo? ¿Hemos cambiado algo en nuestra vida para mejorar la vida de otros? ¿Cómo estamos acogiendo a los demás?... la atención la celeridad con la que el administrador de la parábola se pone a trabajar…, en su propio beneficio. ¿Tenemos la misma astucia y rapidez cuando se trata de trabajar en beneficio de los demás?
Puede ser que el administrador esté calculando su beneficio en la administración y con su parte habla con cada uno de los deudores de su amo, Nosotros, ¿a qué dedicamos “nuestra” riqueza? ¿Cómo la administramos?
Somos administradores de nuestra vida, y por ello, nuestra relación con los demás se basa en nuestras prioridades. ¿Cuáles son? ¿Somos de fiar en lo mucho o en lo poco?
El domingo celebramos la Jornada Mundial de los Pobres.
Ciclo C Domingo XXXII del Tiempo Ordinario (CTOR32)
¡Dios es un Dios de Vivos y para Él todos estamos vivos!
Muchas veces pensamos que hemos venido a este mundo a sufrir, pero hoy, Jesús nos anuncia en el Evangelio que «Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos; porque para Él todos están vivos».
El Señor nos quiere vivos. ¿Sentimos que el Señor resucita en nosotros? ¿Nos sentimos resucitados? ¿Somos capaces de transmitir resurrección a nuestro alrededor?
El Evangelio nos transmite momentos de resurrección, momentos de salvación, momentos de conversión. Pero nos cuesta reconocer al Resucitado a simple vista, necesitamos escuchar su voz en lo más profundo, convertirnos y sentirnos resucitados. El Evangelio nos dice que hay que volver a Galilea, que allí nos espera Jesús, y releer el Evangelio desde la experiencia de la Resurrección y volver al origen, a lo sencillo y radical de nuestra fe. Y desde ahí, caminar hacia Emaús al encuentro de Jesús y de la comunidad.
Y dejarnos transformar por la Palabra y trabajar por transmitir momentos de resurrección a nuestro alrededor, amando y sintiéndonos amados, y hacer sentir a los demás que están vivos y que Dios les ama. Nos está llamando a trabajar por el Reino de Dios y su justicia hoy, aquí y ahora.
¿Somos capaces?
El Señor nos quiere vivos. ¿Sentimos que el Señor resucita en nosotros? ¿Nos sentimos resucitados? ¿Somos capaces de transmitir resurrección a nuestro alrededor?
El Evangelio nos transmite momentos de resurrección, momentos de salvación, momentos de conversión. Pero nos cuesta reconocer al Resucitado a simple vista, necesitamos escuchar su voz en lo más profundo, convertirnos y sentirnos resucitados. El Evangelio nos dice que hay que volver a Galilea, que allí nos espera Jesús, y releer el Evangelio desde la experiencia de la Resurrección y volver al origen, a lo sencillo y radical de nuestra fe. Y desde ahí, caminar hacia Emaús al encuentro de Jesús y de la comunidad.
Y dejarnos transformar por la Palabra y trabajar por transmitir momentos de resurrección a nuestro alrededor, amando y sintiéndonos amados, y hacer sentir a los demás que están vivos y que Dios les ama. Nos está llamando a trabajar por el Reino de Dios y su justicia hoy, aquí y ahora.
¿Somos capaces?
2022/10/30
Ciclo C Domingo XXXI del Tiempo Ordinario (CTOR31)
¡Hoy voy a alojarme en tu casa!
El Evangelio de Lucas nos narra un episodio, casi anecdótico, ocurrido al atravesar la ciudad de Jericó. La gente se arremolinaba para ver a Jesús, unos para escucharle y otros por mera curiosidad. Entre estos últimos se encontraba Zaqueo, presentado como jefe de publicanos y rico. Para sus conciudadanos se trata de un pecador, alguien que sirve al dinero, no a Dios.
Zaqueo siente curiosidad por Jesús, quiere saber de quién se trata, y por qué atrae a la gente. El acercamiento es complicado; Zaqueo es de baja estatura y, entre la muchedumbre, no puede ver a Jesús.
Muchos prejuicios dificultan su encuentro. Zaqueo se enfrenta a ellos con sinceridad y sencillez; deja de lado su dignidad de hombre importante y se acerca con la inocencia de un niño, subiéndose a un árbol.
Jesús, que encuentra a los que le buscan con sinceridad, se acerca hasta Zaqueo y le proporciona el encuentro esa misma tarde en su casa. El encuentro transforma la vida de Zaqueo, deja de estar centrado en el dinero para centrarse en el sufrimiento de los demás, y pone remedio a todas las injusticias que ha cometido con los demás.
Hay momentos decisivos en los que Jesús pasa por nuestra vida. No podemos dejarlo escapar. Nos podemos preguntar: ¿Todavía puedo cambiar? ¿No es ya demasiado tarde para rehacer una vida que, en buena parte, he echado a perder? ¿Qué pasos puedo dar?
Zaqueo siente curiosidad por Jesús, quiere saber de quién se trata, y por qué atrae a la gente. El acercamiento es complicado; Zaqueo es de baja estatura y, entre la muchedumbre, no puede ver a Jesús.
Muchos prejuicios dificultan su encuentro. Zaqueo se enfrenta a ellos con sinceridad y sencillez; deja de lado su dignidad de hombre importante y se acerca con la inocencia de un niño, subiéndose a un árbol.
Jesús, que encuentra a los que le buscan con sinceridad, se acerca hasta Zaqueo y le proporciona el encuentro esa misma tarde en su casa. El encuentro transforma la vida de Zaqueo, deja de estar centrado en el dinero para centrarse en el sufrimiento de los demás, y pone remedio a todas las injusticias que ha cometido con los demás.
Hay momentos decisivos en los que Jesús pasa por nuestra vida. No podemos dejarlo escapar. Nos podemos preguntar: ¿Todavía puedo cambiar? ¿No es ya demasiado tarde para rehacer una vida que, en buena parte, he echado a perder? ¿Qué pasos puedo dar?
Ciclo C Domingo XXX del Tiempo Ordinario (CTOR30)
¡Señor, ten compasión de mí!
Hoy nos acercamos a orar, a ponernos ante Dios, a abrir nuestro corazón delante del Señor, en el silencio de la Capilla, y rodeados de otras personas que hacen lo mismo..
El Señor nos esperaba y nuestra boca, nuestro corazón, nuestros pensamientos, le hablan de lo que llevamos dentro.
Podemos escuchar la narración de Jesús y sentirnos reflejados en la actitud de uno u otro de los personajes que aparecen en ella. Cada uno lleva una imagen muy distinta de Dios en su interior.
Uno de ellos no sabe orar; vive al margen de Dios y cree que con cumplir la Ley es suficiente. En el fondo de su corazón, no necesita a Dios, le basta la Ley.
El otro, se siente indefenso ante Dios, se acerca sobrecogido, sin atreverse a decir nada ni a levantar los ojos en su presencia, simplemente espera que la misericordia de Dios le tenga en cuenta.
¿Cál es nuestra actitud?
El Señor nos esperaba y nuestra boca, nuestro corazón, nuestros pensamientos, le hablan de lo que llevamos dentro.
Podemos escuchar la narración de Jesús y sentirnos reflejados en la actitud de uno u otro de los personajes que aparecen en ella. Cada uno lleva una imagen muy distinta de Dios en su interior.
Uno de ellos no sabe orar; vive al margen de Dios y cree que con cumplir la Ley es suficiente. En el fondo de su corazón, no necesita a Dios, le basta la Ley.
El otro, se siente indefenso ante Dios, se acerca sobrecogido, sin atreverse a decir nada ni a levantar los ojos en su presencia, simplemente espera que la misericordia de Dios le tenga en cuenta.
¿Cál es nuestra actitud?
Ciclo C Domingo XXIX del Tiempo Ordinario (CTOR29)
¡Señor, enséñanos a orar!
La lectura de hoy nos muestra el poder de la oración y pone su acento en la perseverancia e insistencia con que debemos acudir a Dios. Lo hará de manera especial por medio de la parábola de la viuda insistente..
Señor, enséñanos a llamarte, como la viuda, sin resignarnos al ruido vacío.
Señor, enséñanos a buscar, a no conformarnos con el silencio, a preguntar, a escuchar.
Señor, ayúdanos a descifrar esa forma tuya de hablar, a adivinar tus huellas en lo que nos ocurre cada día.
Señor, despierta tu voz que nos late dentro, aunque a veces ni nos demos cuenta, enséñanos a orar.
Señor, enséñanos a llamarte, como la viuda, sin resignarnos al ruido vacío.
Señor, enséñanos a buscar, a no conformarnos con el silencio, a preguntar, a escuchar.
Señor, ayúdanos a descifrar esa forma tuya de hablar, a adivinar tus huellas en lo que nos ocurre cada día.
Señor, despierta tu voz que nos late dentro, aunque a veces ni nos demos cuenta, enséñanos a orar.
Ciclo C Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario (CTOR28)
¡¡¡GRACIAS!!!
GRACIAS: Es una palabra que, muchas veces, utilizamos mecánicamente, de manera cortés, porque nuestros pensamientos están en otro lado. La dicen nuestros labios, pero no nuestro corazón. Estamos tan acostumbrados a recibir cosas de los otros, que no nos damos cuenta de lo que los demás hacen por nosotros. Ya dice el refrán, que de bien nacidos, es ser agradecidos y, cuantas veces, en la vida cotidiana, nos olvidamos..
Un GRACIAS dicho con el corazón, refleja la alegría, la luz del agradecimiento en nuestros ojos y, la persona que la recibe, percibe los sentimientos compartidos y, se siente valorada.
La lectura de hoy nos lleva a Samaría, a la curación de diez leprosos, diez vidas rotas, apartadas de su familia para vivir excluidas de la sociedad, ni siquiera pueden acercarse a Jesús y, desde lejos, piden su compasión. Jesús les envía a cumplir con la Ley, para que puedan vivir de nuevo en sociedad. Su fe es grande, se ponen en camino y, se sienten curados cuando ya están lejos. A nueve les puede el hecho de ir a cumplir la Ley y, siguen al Templo, pero uno, el extranjero, aquel de quien no se espera nada, siente que lo primero es volver y gritar, para que todos le oigan, su alabanza a Dios y el agradecimiento a Jesús. Su curación ha sido más profunda y reconoce la mano de Dios y, no puede más que pregonarlo a los cuatro vientos.
¿No han quedado limpios los diez?”.¿No se han curado todos? “Los otros nueve, ¿dónde están?”. ¿Por qué no están aquí? La queja de Jesús, lamentándose de la falta de agradecimiento, podría estar dirigida a muchos de nosotros.
¿Cuántas veces al día damos las gracias por lo que recibimos? ¿Es nuestra oración una petición o, también es alabanza y agradecimiento por la vida que disfrutamos?
Un GRACIAS dicho con el corazón, refleja la alegría, la luz del agradecimiento en nuestros ojos y, la persona que la recibe, percibe los sentimientos compartidos y, se siente valorada.
La lectura de hoy nos lleva a Samaría, a la curación de diez leprosos, diez vidas rotas, apartadas de su familia para vivir excluidas de la sociedad, ni siquiera pueden acercarse a Jesús y, desde lejos, piden su compasión. Jesús les envía a cumplir con la Ley, para que puedan vivir de nuevo en sociedad. Su fe es grande, se ponen en camino y, se sienten curados cuando ya están lejos. A nueve les puede el hecho de ir a cumplir la Ley y, siguen al Templo, pero uno, el extranjero, aquel de quien no se espera nada, siente que lo primero es volver y gritar, para que todos le oigan, su alabanza a Dios y el agradecimiento a Jesús. Su curación ha sido más profunda y reconoce la mano de Dios y, no puede más que pregonarlo a los cuatro vientos.
¿No han quedado limpios los diez?”.¿No se han curado todos? “Los otros nueve, ¿dónde están?”. ¿Por qué no están aquí? La queja de Jesús, lamentándose de la falta de agradecimiento, podría estar dirigida a muchos de nosotros.
¿Cuántas veces al día damos las gracias por lo que recibimos? ¿Es nuestra oración una petición o, también es alabanza y agradecimiento por la vida que disfrutamos?
Ciclo C Domingo XXVII del Tiempo Ordinario (CTOR27)
¡Señor, auméntanos la fe!
Hay veces que dudamos y nos preguntamos si verdaderamente creemos, y lo que significa realmente Dios para nosotros. A veces nos pasa lo mismo que a los discípulos, que cuando dudan de sí mismos y de su seguimiento a Jesús y le piden “Auméntanos la fe”.
Con mucha frecuencia, nuestros esfuerzos se interesan por cosas que nos alejan de Dios, y eso nos puede llevar a la indiferencia. Otras veces nos sentimos tan inseguros, que para responder lo que significa creer, preferiríamos que alguien respondiera por nosotros. Sin embargo, solo cada uno puede responder lo que significa creer o no creer para él.
¿Tienes fe? ¿Estás cuidando tu fe? ¿Escuchas a Dios en tu interior, o te resuenan demasiado otras cosas que te distraen?
¿Dónde estás buscando a Dios? ¿Dónde crees que lo puedes encontrar?
Si atendemos a nuestros miedos e incertidumbres, no escuchamos a Dios que nos habla al corazón, dentro de nosotros mismos y en las personas que sufren, las que nos rodean, las que demandan nuestro apoyo, las…
Con mucha frecuencia, nuestros esfuerzos se interesan por cosas que nos alejan de Dios, y eso nos puede llevar a la indiferencia. Otras veces nos sentimos tan inseguros, que para responder lo que significa creer, preferiríamos que alguien respondiera por nosotros. Sin embargo, solo cada uno puede responder lo que significa creer o no creer para él.
¿Tienes fe? ¿Estás cuidando tu fe? ¿Escuchas a Dios en tu interior, o te resuenan demasiado otras cosas que te distraen?
¿Dónde estás buscando a Dios? ¿Dónde crees que lo puedes encontrar?
Si atendemos a nuestros miedos e incertidumbres, no escuchamos a Dios que nos habla al corazón, dentro de nosotros mismos y en las personas que sufren, las que nos rodean, las que demandan nuestro apoyo, las…
2022/09/27
Ciclo C Domingo XXVI del Tiempo Ordinario (CTOR26)
Mira... quien está en tu puerta
Jesús habla hoy al corazón de los fariseos, “que son amigos del dinero”, nos dice Lucas en los versículos anteriores al texto de hoy y que acababan de oír en las palabras del Maestro: “no podéis servir a Dios y al dinero”. Y Jesús decide citarles en su propio entorno emocional.
Si en otras ocasiones pone a su Abbá en el centro, hoy lo deja de lado (aunque siempre esté en el fondo de su mensaje), para evocar el seno de Abrahám, y el abismo que lo separa del resto… términos que les eran muy cercanos. “Juguemos en vuestro terreno” parece decirles.
Seguimos a vueltas con el uso adecuado del dinero, hoy desde la omisión: la falta de empatía del rico de nuestra historia no es otra, que no reparar en las necesidades de los que están a su puerta y la respuesta de este “Abrahám”, tan dura como el corazón de los fariseos a los que se dirige.
Y tú, ¿Qué haces con los “Lázaros” de tu puerta?
Si en otras ocasiones pone a su Abbá en el centro, hoy lo deja de lado (aunque siempre esté en el fondo de su mensaje), para evocar el seno de Abrahám, y el abismo que lo separa del resto… términos que les eran muy cercanos. “Juguemos en vuestro terreno” parece decirles.
Seguimos a vueltas con el uso adecuado del dinero, hoy desde la omisión: la falta de empatía del rico de nuestra historia no es otra, que no reparar en las necesidades de los que están a su puerta y la respuesta de este “Abrahám”, tan dura como el corazón de los fariseos a los que se dirige.
Y tú, ¿Qué haces con los “Lázaros” de tu puerta?
2022/09/20
Ciclo C Domingo XXV del Tiempo Ordinario (CTOR25)
¿Eres de fiar?
Jesús nos dice que no podemos servir a dos amos y nos pregunta ¿tú a quién sirves, a Dios o al dinero? ¿Hacia dónde estás dirigiendo tus preocupaciones de cada día? ¿Qué lugar ocupa la riqueza en tu corazón?
Llama la atención la celeridad con la que el administrador de la parábola se pone a trabajar…, en su propio beneficio. ¿Tenemos la misma astucia y rapidez cuando se trata de trabajar en beneficio de los demás?
Puede ser que el administrador esté calculando su beneficio en la administración y con su parte habla con cada uno de los deudores de su amo, Nosotros, ¿a qué dedicamos “nuestra” riqueza? ¿Cómo la administramos?
Somos administradores de nuestra vida, y por ello, nuestra relación con los demás se basa en nuestras prioridades. ¿Cuáles son? ¿Somos de fiar en lo mucho o en lo poco?
Llama la atención la celeridad con la que el administrador de la parábola se pone a trabajar…, en su propio beneficio. ¿Tenemos la misma astucia y rapidez cuando se trata de trabajar en beneficio de los demás?
Puede ser que el administrador esté calculando su beneficio en la administración y con su parte habla con cada uno de los deudores de su amo, Nosotros, ¿a qué dedicamos “nuestra” riqueza? ¿Cómo la administramos?
Somos administradores de nuestra vida, y por ello, nuestra relación con los demás se basa en nuestras prioridades. ¿Cuáles son? ¿Somos de fiar en lo mucho o en lo poco?
2022/09/10
Ciclo C Domingo XXIV del Tiempo Ordinario (CTOR24)
¡Da el primer paso!
La lectura nos dice, de tres modos diferentes que Dios nos ama, nos busca, como a la oveja que le falta o a la moneda que se había perdido.
Siente como el padre nos muestra el amor incondicional de Dios, a pesar de lo que hagamos, digamos o pidamos. Dios nos quiere como hijos, nos muestra su amor esperándonos, buscándonos y celebrando nuestra vuelta.
El hijo mayor, se comporta como un asalariado, no como hijo, el padre quiere hacerle entender su visión de padre, pero la mirada del hijo no ve más allá.
Piensa en la actitud que nos muestra el hijo pequeño, egoísta, exigente, pero capaz de dar un paso y volver, pedir perdón y recibir el abrazo amoroso y volverse a sentir amado y en casa.
Siente como el padre nos muestra el amor incondicional de Dios, a pesar de lo que hagamos, digamos o pidamos. Dios nos quiere como hijos, nos muestra su amor esperándonos, buscándonos y celebrando nuestra vuelta.
El hijo mayor, se comporta como un asalariado, no como hijo, el padre quiere hacerle entender su visión de padre, pero la mirada del hijo no ve más allá.
Piensa en la actitud que nos muestra el hijo pequeño, egoísta, exigente, pero capaz de dar un paso y volver, pedir perdón y recibir el abrazo amoroso y volverse a sentir amado y en casa.
Ciclo C Domingo XXIII del Tiempo Ordinario (CTOR23)
¡Escucha!
Hoy Jesús nos dice: “Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío”.
¿Entendemos lo que nos pide Jesús? ¿Nos está pidiendo abandonar todo lo que queremos?
Jesús siempre tiene en su objetivo trabajar por los más necesitados. Si ponemos este foco en nuestra vida, y no en alcanzar el Reino por nosotros mismos como meta última a alcanzar solos. ¿Cómo puede cambiar nuestra vida?
Si lo que buscamos es traer el Reino a nuestro alrededor y vivir ese Reino de Jesús con nuestra vida, para que la sociedad entera se acerque al Reino, entonces, sentiremos que Jesús no nos pide renunciar a nada, si no saber elegir cómo aportar lo mejor de nosotros mismos.
¿Entendemos lo que nos pide Jesús? ¿Nos está pidiendo abandonar todo lo que queremos?
Jesús siempre tiene en su objetivo trabajar por los más necesitados. Si ponemos este foco en nuestra vida, y no en alcanzar el Reino por nosotros mismos como meta última a alcanzar solos. ¿Cómo puede cambiar nuestra vida?
Si lo que buscamos es traer el Reino a nuestro alrededor y vivir ese Reino de Jesús con nuestra vida, para que la sociedad entera se acerque al Reino, entonces, sentiremos que Jesús no nos pide renunciar a nada, si no saber elegir cómo aportar lo mejor de nosotros mismos.
Ciclo C Domingo XXII del Tiempo Ordinario (CTOR22)
¡Sal afuera!
Jesús nos habla del servicio a la comunidad, a todos sus miembros y no solo a los que nos caen mejor.
Muchas veces corremos el riesgo de encerrarnos en lo que consideramos nuestro mundo y solo ver entre los muros levantados a nuestro alrededor. ¿Por qué estamos limitándonos permanentemente?
No hacemos más que vivir con orejeras que nos impiden mirar alrededor. ¿Cómo vamos ir con una actitud de servicio, si no vemos más, que lo que queremos ver?
Jesús nos habla de los primeros y los últimos y de dónde sentarnos si nos invitan, pero si estamos encerrados un nuestro grupo de amigos, compañeros, familiares, nunca vamos a tener estas inquietudes y esta sensación de estar fuera o dentro de lugar.
Solo si salimos de nuestro círculo de confort, tendremos que estar alerta, vigilantes, ofreciendo nuestras manos para hacer lo que otros necesiten y sintiéndonos acogidos, acompañados, entendidos y, entonces, no importan los primeros o los últimos, lo que importa es lo que puedes ofrecer para apoyar a los demás, pero también lo que recibes. Entonces, no estarás nunca fuera de sitio. ¿Te sientes capaz?
Muchas veces corremos el riesgo de encerrarnos en lo que consideramos nuestro mundo y solo ver entre los muros levantados a nuestro alrededor. ¿Por qué estamos limitándonos permanentemente?
No hacemos más que vivir con orejeras que nos impiden mirar alrededor. ¿Cómo vamos ir con una actitud de servicio, si no vemos más, que lo que queremos ver?
Jesús nos habla de los primeros y los últimos y de dónde sentarnos si nos invitan, pero si estamos encerrados un nuestro grupo de amigos, compañeros, familiares, nunca vamos a tener estas inquietudes y esta sensación de estar fuera o dentro de lugar.
Solo si salimos de nuestro círculo de confort, tendremos que estar alerta, vigilantes, ofreciendo nuestras manos para hacer lo que otros necesiten y sintiéndonos acogidos, acompañados, entendidos y, entonces, no importan los primeros o los últimos, lo que importa es lo que puedes ofrecer para apoyar a los demás, pero también lo que recibes. Entonces, no estarás nunca fuera de sitio. ¿Te sientes capaz?
Ciclo C Domingo XXI del Tiempo Ordinario (CTOR21)
¡Sé luz!
¿Señor, serán pocos los que se salven? Gran pregunta, que siempre nos ronda la cabeza, ¿estaremos haciendo lo suficiente para salvarnos?
Jesús nos dice: “Esforzaos por entrar por la puerta estrecha”. ¿Seremos capaces de atinar con la puerta y dejar fuera todo aquello que nos estorba? ¿Sabemos elegir entre el SER y el TENER?
Quizá tenemos desenfocado el problema y pensamos que es algo que debemos conseguir nosotros solos.
Y si pensamos que la salvación viene de Dios y que alcanzarla no depende de llegar a una meta, si no del proceso de nuestra vida y de cómo la compartamos con los demás.
Vamos a iluminar a los demás con nuestra vida. La salvación es un progreso en nuestra vida en comunidad, ¿Podemos avanzar juntos?
Jesús nos dice: “Esforzaos por entrar por la puerta estrecha”. ¿Seremos capaces de atinar con la puerta y dejar fuera todo aquello que nos estorba? ¿Sabemos elegir entre el SER y el TENER?
Quizá tenemos desenfocado el problema y pensamos que es algo que debemos conseguir nosotros solos.
Y si pensamos que la salvación viene de Dios y que alcanzarla no depende de llegar a una meta, si no del proceso de nuestra vida y de cómo la compartamos con los demás.
Vamos a iluminar a los demás con nuestra vida. La salvación es un progreso en nuestra vida en comunidad, ¿Podemos avanzar juntos?
2022/08/11
Ciclo C Domingo XX del Tiempo Ordinario (CTOR20)
¡Déjate encender el corazón!
Jesús nos dice: “He venido a prender fuego en el mundo y ojalá estuviera ya ardiendo”
Pensamos que vivimos en paz, y que hemos alcanzado una sociedad acomodada en la que vivir, pero los disturbios no cesan, las guerras nos acompañan, los inmigrantes siguen llegando y muriendo en el viaje, encontramos pobreza en cada esquina y de repente, nuestro mundo se viene abajo por una enfermedad o por una guerra cualquiera. ¿Seguro que vivimos en una sociedad justa? ¿O no miramos fuera de nuestro entorno?
Siente el fuego que arde en tu corazón, escucha a Jesús te llama a no quedarte quieto, a trabajar para cambiar la sociedad en la que vivimos
Siente la fuerza transformadora de Dios en tu interior y ese dinamismo que llama a moverse, a actuar, a vivir con alegría
Siente el fuego del amor de Dios en tu interior, que te impulsa, te hace germinar, crecer y que producir frutos. Déjalo crecer, no dejes que se apague.
Pensamos que vivimos en paz, y que hemos alcanzado una sociedad acomodada en la que vivir, pero los disturbios no cesan, las guerras nos acompañan, los inmigrantes siguen llegando y muriendo en el viaje, encontramos pobreza en cada esquina y de repente, nuestro mundo se viene abajo por una enfermedad o por una guerra cualquiera. ¿Seguro que vivimos en una sociedad justa? ¿O no miramos fuera de nuestro entorno?
Siente el fuego que arde en tu corazón, escucha a Jesús te llama a no quedarte quieto, a trabajar para cambiar la sociedad en la que vivimos
Siente la fuerza transformadora de Dios en tu interior y ese dinamismo que llama a moverse, a actuar, a vivir con alegría
Siente el fuego del amor de Dios en tu interior, que te impulsa, te hace germinar, crecer y que producir frutos. Déjalo crecer, no dejes que se apague.
Ciclo C Domingo XIX del Tiempo Ordinario (CTOR19)
¿Dónde has puesto tu tesoro?
¡Donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón! El mundo nos distrae, nos llena de actividades y no nos deja tiempo para mirar hacia dentro. Corremos el riesgo de perdernos en actividades sin objetivo, actividades que llenan nuestro tiempo, pero ¿nos hacen crecer?
Jesús nos dice: “Tened la cintura ceñida y encendidas las lámparas”. Siempre preparados y con la luz encendida, bien despiertos para podernos arremangar, que no haya nada que pueda impedir que nos pongamos en movimiento para ir hacia delante con las manos abiertas y preparadas para los demás, facilitando la vida, acogiendo, colaborando y yendo con los ojos bien abiertos para detectar las tareas que necesitan apoyo a nuestro alrededor y así ayudar a crear comunidad.
¿Dónde está tu corazón?
Jesús nos dice: “Tened la cintura ceñida y encendidas las lámparas”. Siempre preparados y con la luz encendida, bien despiertos para podernos arremangar, que no haya nada que pueda impedir que nos pongamos en movimiento para ir hacia delante con las manos abiertas y preparadas para los demás, facilitando la vida, acogiendo, colaborando y yendo con los ojos bien abiertos para detectar las tareas que necesitan apoyo a nuestro alrededor y así ayudar a crear comunidad.
¿Dónde está tu corazón?
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¿Dónde has puesto tu tesoro?,
(Lc 12_32-48),
Canto y Oración,
Ciclo C,
Donde está tu tesoro allí estará tu corazón,
Oración,
Tiempo Ordinario 19
Ciclo C Domingo XVIII del Tiempo Ordinario (CTOR18)
¿Dónde pones tu corazón?
¡Hay personas que piensan que viven solas, que no necesitan de nadie más! Incluso aunque estén dependiendo de otros para muchas cosas, viven encerrados es sí mismas y solo piensan en ellas, sus problemas, sus soluciones, sus ambiciones, sus riquezas y poco más
¿Cómo vivimos? ¿Quién está primero en nuestras prioridades?
La parábola de hoy nos puede dar que pensar, ¿A quién dedicamos nuestras prioridades? ¿Dónde tenemos puesta nuestra mente?
Vamos a abrir nuestros ojos y contemplar la realidad del mundo que nos rodea. Y vernos en ese mundo de relaciones humanas, de interdependencia, de dificultades para muchas personas que tenemos al lado. Vamos a mirar con los ojos de Jesús y preguntarnos, ¿qué haría Jesús en esta situación?
¿Cómo vivimos? ¿Quién está primero en nuestras prioridades?
La parábola de hoy nos puede dar que pensar, ¿A quién dedicamos nuestras prioridades? ¿Dónde tenemos puesta nuestra mente?
Vamos a abrir nuestros ojos y contemplar la realidad del mundo que nos rodea. Y vernos en ese mundo de relaciones humanas, de interdependencia, de dificultades para muchas personas que tenemos al lado. Vamos a mirar con los ojos de Jesús y preguntarnos, ¿qué haría Jesús en esta situación?
Etiquetas:
¿Dónde pones tu corazón?,
(Lc 12_13-21),
Canto y Oración,
Ciclo C,
El que amasa riquezas para sí no es rico para Dios,
Oración,
Tiempo Ordinario 18
Ciclo C Domingo XVII del Tiempo Ordinario (CTOR17)
¡Señor, enséñanos a orar!
¡Padre, enséñanos a orar, a hablar con nuestro Padre Dios! Y la oración que nos enseña Jesús nos habla de absoluta confianza, de sentir que Dios no es un Dios lejano, sino un Padre, al que dirigirse con la mayor de las confianzas.
Después de orar, Jesús volvía transformado, lleno de luz y los discípulos querían aprender a sentir esa experiencia de Dios.
Y como a un Padre, Jesús nos dice ¡Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá!
Pedir, como con la actitud de un pobre que no puede alcanzar algo con su propio esfuerzo. Buscar, con una actitud activa de para encontrar aquello que está escondido. Llamar, buscando que nos escuchen también los que están lejos.
¿Cómo es nuestra oración? ¿Sentimos en nosotros la luz de Dios?
Después de orar, Jesús volvía transformado, lleno de luz y los discípulos querían aprender a sentir esa experiencia de Dios.
Y como a un Padre, Jesús nos dice ¡Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá!
Pedir, como con la actitud de un pobre que no puede alcanzar algo con su propio esfuerzo. Buscar, con una actitud activa de para encontrar aquello que está escondido. Llamar, buscando que nos escuchen también los que están lejos.
¿Cómo es nuestra oración? ¿Sentimos en nosotros la luz de Dios?
Etiquetas:
(Lc 11_1-13),
Canto y Oración,
Ciclo C,
Cuando oreis decid Padre santificado sea tu nombre,
Oración,
Señor enséñanos a orar,
Tiempo Ordinario 17
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