Hoy
traemos a la oración la figura de Nicodemo.
Una autoridad de los judíos, miembro del Sanedrín, que va a buscar a
Jesús. Como en todos los encuentros de Jesús, la persona que lo encuentra
experimenta un cambio en su vida. Jesús nos ve tal cual somos. Nos conoce en lo
más profundo de nosotros mismos. Nicodemo
lo hace de noche en la experiencia de oscuridad en su vida y Jesús le dice que
tiene que nacer de nuevo. No le pide que cambie sino que nazca de nuevo, que
deje al hombre que ha sido para renacer
del Agua y del Espíritu. El agua que
limpia y el espíritu, el fuego que arde
por dentro.
En esta Cuaresma podemos
preguntarnos: ¿cómo ser mejor cristiano? ¿cómo vivir más a fondo nuestra vida
religiosa? ¿cómo superar la infidelidad y el pecado? ¿cómo salir de nuestras
crisis? Jesús no da respuestas a Nicodemo ni a nosotros. Es un proceso, un dejarse llevar, buscar la
Luz, meditar la Palabra, cantar como dice el salmo junto a los canales de
Babilonia, soñar, amar la tarea de cada día; la respuesta está en el viento. Lo
esencial es que Dios ha tomado la iniciativa y la decisión de amarnos para
cambiarnos. Éste es el nuevo nacimiento y el descubrimiento que todo es gracia:
“por pura gracia estáis salvados”.
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