Jesús acude a la Sinagoga, como cualquier Sabbath, le rodean sus amigos, es un día normal, y después se va a casa de Simón y Andrés. Estamos ante una imagen cotidiana, familiar, y la reunión familiar va a continuar en casa.
Pero al llegar a casa, la suegra de Simón está enferma. La reunión ya no puede ser la misma. Para Jesús lo importante es que el mal no reine a su alrededor. Con toda delicadeza, se acerca, le coge la mano, y la levanta. La suegra de Simón recupera su dignidad y el mal ya no tiene sitio delante de Jesús. Sus ojos miran con amor, acogen con amor y sanan con amor.
El Sabbath puede continuar y la suegra de Simón recupera su actividad y ya puede estar pendiente de los demás.
Cuando termina el Sabbath, al ponerse el sol, se corre la voz. La gente no tiene miedo de incumplir la Ley y los enfermos se agolpan a su puerta. El mal le reconoce, y sabe que no tiene sitio donde está Jesús, que te libera de todo mal y de todo aquello que te lastra para seguirle.
Cada semana, unimos la Palabra y el canto para ayudar a profundizar en la Oración.
Los cascabeles nos llaman a la oración y nos recuerdan la Alegría del Evangelio.
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2024/02/12
2023/08/20
Ciclo A Domingo V del Tiempo Ordinario (ATOR05)
¡Llamados a ser luz!
El Papa Francisco nos recuerda en la lectura de hoy, que los cristianos debemos ser la luz y la sal para su prójimo: “La sal y la luz son para dar a los demás. Lo que ilumina y lo que mantiene la luz de Cristo es la oración”. “Se pueden hacer muchas cosas por la Iglesia, pero si no oras, todo estará un poco oscuro”. “La oración es el combustible, la batería que da vida a la luz”.
La sal solo hace efecto cuando se mezcla con los alimentos y desaparece en ellos. Por un lado, les da sabor y por otra, los conserva, sin embargo, si la sal se vuelve sosa, ¿para qué sirve? Si perdemos nuestra sal, ¿cómo podemos mezclarnos con la sociedad y dar sabor cristiano?
La luz: sólo puede iluminar cuando la ponemos en la oscuridad, con la luz podemos iluminar a todos con el sentido de nuestra vida, que refleje el rostro de Dios en nuestra vida. Si nuestra vida no refleja la luz de Dios, ¿cómo podemos iluminar nuestra sociedad?
El Papa nos dice: Si los cristianos pierden sabor y se apagan, se vuelven tristes. Tenemos que ser LAMPARAS ENCENDIDAS para llevar la luz de Jesús a nuestro alrededor. Con una vida “Santa” daremos ‘sabor’ en los sitios donde vamos, como hace la sal. Y la alegría y la luz brillarán a nuestro alrededor.
Tenemos que conservar la luz que hemos recibido de Jesús. El cristiano debe ser una persona luminosa, que ¡siempre da luz! Una luz que no es suya, es el regalo de Dios, es el regalo de Jesús. Si el cristiano apaga esta luz, su vida no tiene sentido.
La sal solo hace efecto cuando se mezcla con los alimentos y desaparece en ellos. Por un lado, les da sabor y por otra, los conserva, sin embargo, si la sal se vuelve sosa, ¿para qué sirve? Si perdemos nuestra sal, ¿cómo podemos mezclarnos con la sociedad y dar sabor cristiano?
La luz: sólo puede iluminar cuando la ponemos en la oscuridad, con la luz podemos iluminar a todos con el sentido de nuestra vida, que refleje el rostro de Dios en nuestra vida. Si nuestra vida no refleja la luz de Dios, ¿cómo podemos iluminar nuestra sociedad?
El Papa nos dice: Si los cristianos pierden sabor y se apagan, se vuelven tristes. Tenemos que ser LAMPARAS ENCENDIDAS para llevar la luz de Jesús a nuestro alrededor. Con una vida “Santa” daremos ‘sabor’ en los sitios donde vamos, como hace la sal. Y la alegría y la luz brillarán a nuestro alrededor.
Tenemos que conservar la luz que hemos recibido de Jesús. El cristiano debe ser una persona luminosa, que ¡siempre da luz! Una luz que no es suya, es el regalo de Dios, es el regalo de Jesús. Si el cristiano apaga esta luz, su vida no tiene sentido.
2022/02/02
Ciclo C Domingo V del Tiempo Ordinario (CTOR05)
¡Dejándolo todo, le siguieron!
A Jesús no le han escuchado en la sinagoga de Cafarnaúm, y sin embargo las palabras sencillas, dichas a la gente humilde, produce una gran reacción.
En el lago, Jesús nos invita a unirnos a los demás, a trabajar juntos, a acoger su mensaje, a no tener miedo, a reconocer nuestra debilidad y a no dejar a nadie a un lado..
Jesús se hace presente a nuestro lado, de manera inesperada. Nos cautiva con sus palabras, nos sorprende en la vida cotidiana y no nos deja indiferentes. La experiencia nos dice que si no se ha pescado por la noche o en la madrugada, al mediodía no se puede pescar.
Y ante lo inesperado, lo sorprendente, nuestra capacidad de asombro nos hace sentirnos pequeños ante la grandeza de Jesús, sobre todo en los signos más sencillos.
Jesús no rechaza nuestra debilidad, la acoge, saca fuerza de ella y nos empuja a ponernos a su servicio.
¿En tu debilidad, te atreves a seguir a Jesús?
En el lago, Jesús nos invita a unirnos a los demás, a trabajar juntos, a acoger su mensaje, a no tener miedo, a reconocer nuestra debilidad y a no dejar a nadie a un lado..
Jesús se hace presente a nuestro lado, de manera inesperada. Nos cautiva con sus palabras, nos sorprende en la vida cotidiana y no nos deja indiferentes. La experiencia nos dice que si no se ha pescado por la noche o en la madrugada, al mediodía no se puede pescar.
Y ante lo inesperado, lo sorprendente, nuestra capacidad de asombro nos hace sentirnos pequeños ante la grandeza de Jesús, sobre todo en los signos más sencillos.
Jesús no rechaza nuestra debilidad, la acoge, saca fuerza de ella y nos empuja a ponernos a su servicio.
¿En tu debilidad, te atreves a seguir a Jesús?
2021/02/10
Ciclo B Domingo V del Tiempo Ordinario (BTOR05)
¡Se puso a servir!
Jesús acude a la Sinagoga, como cualquier Sabbath, le rodean sus amigos, es un día normal, y después se va a casa de Simón y Andrés. Estamos ante una imagen cotidiana, familiar, y la reunión familiar va a continuar en casa.
Pero al llegar a casa, la suegra de Simón está enferma. La reunión ya no puede ser la misma. Para Jesús lo importante es que el mal no reine a su alrededor. Con toda delicadeza, se acerca, le coge la mano, y la levanta. La suegra de Simón recupera su dignidad y el mal ya no tiene sitio en la presencia de Jesús. Los ojos de Jesús, miran con amor, acogen con amor y sanan con amor.
El Sabbath puede continuar y la suegra de Simón recupera su actividad y ya está pendiente de los demás.
Cuando termina el Sabbath, al ponerse el sol, se corre la voz. La gente no tiene miedo de incumplir la Ley y se agolpan lo enfermos en su puerta. El mal le reconoce, y sabe que no tiene sitio donde está Jesús, que no libera de todo mal y de todo aquello que te lastra para seguirle.
Pero al llegar a casa, la suegra de Simón está enferma. La reunión ya no puede ser la misma. Para Jesús lo importante es que el mal no reine a su alrededor. Con toda delicadeza, se acerca, le coge la mano, y la levanta. La suegra de Simón recupera su dignidad y el mal ya no tiene sitio en la presencia de Jesús. Los ojos de Jesús, miran con amor, acogen con amor y sanan con amor.
El Sabbath puede continuar y la suegra de Simón recupera su actividad y ya está pendiente de los demás.
Cuando termina el Sabbath, al ponerse el sol, se corre la voz. La gente no tiene miedo de incumplir la Ley y se agolpan lo enfermos en su puerta. El mal le reconoce, y sabe que no tiene sitio donde está Jesús, que no libera de todo mal y de todo aquello que te lastra para seguirle.
2019/02/04
Ciclo C Domingo del Tiempo Ordinario 5 (CTOR05)
Con Jesús en el mar de la vida
Jesús se acerca a nosotros y nos invita. Nos sentimos llamados por Él para vivir así nuestra interioridad y abrirnos de nuevo para realizar nuestra misión.
Vivir con Él y como Él, haciendo realidad las palabras de María “Haced lo que Él os diga”. Los apóstoles lo sintieron así, conmovidos en lo más profundo, y dejándolo todo le siguieron.
Interiorizamos hoy la Palabra y dejamos sentir en nosotros la llamada de Jesús, viviendo para difundir su mensaje de perdón y de salvación, en nuestro entorno y en las periferias, sin importar nuestras limitaciones y sentimientos de incapacidad.
Ante todo ello, como a Pedro, Jesús nos dice: “No temas”. Y así nos sumergimos en el mar de la vida..
Vivir con Él y como Él, haciendo realidad las palabras de María “Haced lo que Él os diga”. Los apóstoles lo sintieron así, conmovidos en lo más profundo, y dejándolo todo le siguieron.
Interiorizamos hoy la Palabra y dejamos sentir en nosotros la llamada de Jesús, viviendo para difundir su mensaje de perdón y de salvación, en nuestro entorno y en las periferias, sin importar nuestras limitaciones y sentimientos de incapacidad.
Ante todo ello, como a Pedro, Jesús nos dice: “No temas”. Y así nos sumergimos en el mar de la vida..
2018/01/29
Ciclo B Tiempo Ordinario (BTOR05)
¡Mirar con la mirada de Dios!
"El mirar de Dios es amar” nos decía San Juan de la Cruz: “Cuando tú me mirabas, su gracia en mí, tus ojos imprimían”; “…las hermanas de Lázaro le enviaron, no a decir que sanase a su hermano, si no a decir que mirase, que al que amaba, estaba enfermo”.
Mirar con la mirada de Dios. La iniciativa siempre suya para imprimirnos su forma de ver la vida, dar sentido a nuestro existir y a la vida compartida con cada persona. Dios, con ojos de misericordia, nos ama primero, nos enriquece y nos transforma.
Dejarse mirar por Jesús. Ya sólo disponernos a esta actitud nos conmueve interiormente, como Él se conmovía con los sentimientos de gozo y de dolor y sanaba. Jesús se acercó a la suegra de Simón, le cogió la mano y la levantó. Liberó la casa y cada uno de los lugares según el proyecto de Dios.
Las miradas de Jesús en el Evangelio están llenas de ternura y generosidad. Levanta la vista para ver a Zaqueo, que lo espera y lo busca. Mira al que quiere ser perfecto para señalarle el camino. Miradas, siempre miradas, a los niños, a los ciegos, a los necesitados... Con profundidad eleva los ojos al cielo para orar al Padre. ¡Qué fuerza la de su mirada a Pedro en sus negaciones! En la cruz aún se inclina a su madre que estaba junto a Él con Juan.
Jesús sólo espera que le miremos, que volvamos los ojos a Él. Santa Teresa nos dice que, en su pasión, Jesús olvidará sus dolores por consolar los vuestros, sólo porque vayáis con Él a consolar y volváis la cabeza a mirarle.
Mirar con la mirada de Dios. La iniciativa siempre suya para imprimirnos su forma de ver la vida, dar sentido a nuestro existir y a la vida compartida con cada persona. Dios, con ojos de misericordia, nos ama primero, nos enriquece y nos transforma.
Dejarse mirar por Jesús. Ya sólo disponernos a esta actitud nos conmueve interiormente, como Él se conmovía con los sentimientos de gozo y de dolor y sanaba. Jesús se acercó a la suegra de Simón, le cogió la mano y la levantó. Liberó la casa y cada uno de los lugares según el proyecto de Dios.
Las miradas de Jesús en el Evangelio están llenas de ternura y generosidad. Levanta la vista para ver a Zaqueo, que lo espera y lo busca. Mira al que quiere ser perfecto para señalarle el camino. Miradas, siempre miradas, a los niños, a los ciegos, a los necesitados... Con profundidad eleva los ojos al cielo para orar al Padre. ¡Qué fuerza la de su mirada a Pedro en sus negaciones! En la cruz aún se inclina a su madre que estaba junto a Él con Juan.
Jesús sólo espera que le miremos, que volvamos los ojos a Él. Santa Teresa nos dice que, en su pasión, Jesús olvidará sus dolores por consolar los vuestros, sólo porque vayáis con Él a consolar y volváis la cabeza a mirarle.
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