El evangelista nos habla de vivir una experiencia diferente: Subir con Jesús a lo alto de una montaña. Levantar nuestro espíritu y mirar la vida desde un horizonte más elevado y no dejarnos arrastrar por la rutina y la inercia que tiran de nosotros hacia abajo.
El relato nos dice que mientras Jesús «ora», el aspecto de su rostro cambia. Los discípulos que están orando con él, comienzan a verlo de otra manera. Es Jesús, su maestro querido de siempre, pero en su rostro comienzan a contemplar el destello de algo nuevo.
Los discípulos no parecen entender gran cosa. Están aturdidos y Pedro propone hacer tres tiendas, una para cada uno, quedándose en el bienestar del momento, sin captar la novedad de Jesús y sin darse cuenta que Jesús quiere que bajemos a la realidad cotidiana.
Una voz sale de una nube: Éste es mi Hijo, el escogido; escuchadle a Él. No escuchéis a Moisés o Elías, escuchad a Jesús. Sólo Él es el Hijo. Escogedle a Él porque es el elegido por Dios.
Cada semana, unimos la Palabra y el canto para ayudar a profundizar en la Oración.
Los cascabeles nos llaman a la oración y nos recuerdan la Alegría del Evangelio.
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2024/09/17
2023/04/20
Ciclo A Domingo II del Tiempo de Cuaresma (ACUA02)
Este es mi Hijo... Escuchadle
Nuestro interior está lleno de ruido. Muchas veces no tenemos tiempo de pararnos y escuchar la voz de Dios. El mundo nos arrastra y nos engulle con sus prisas y no nos deja tiempo para nada.
Nos cuesta aislarnos y algunas veces pensamos que es necesario subir a lo alto de la montaña para poder hacer el silencio a nuestro alrededor y escuchar a Dios en nuestro interior.
La experiencia de Dios no se siente en el ruido, respira profundamente el aire de la montaña y vamos a silenciar el ruido a nuestro alrededor y poner el oído y escuchar que Dios nos dice “Este es mi Hijo, el amado. mi predilecto, Escuchadlo”. Y la voz de Jesús nos dice, “Levantaos, no temáis”.
Y sentimos, en el silencio, la cálida voz de Jesús que nos tranquiliza, nos llena de paz y nos ayuda a bajar la montaña para volver a la vida cotidiana, con paz en el corazón y sintiendo a Dios en nuestro interior.
Nos cuesta aislarnos y algunas veces pensamos que es necesario subir a lo alto de la montaña para poder hacer el silencio a nuestro alrededor y escuchar a Dios en nuestro interior.
La experiencia de Dios no se siente en el ruido, respira profundamente el aire de la montaña y vamos a silenciar el ruido a nuestro alrededor y poner el oído y escuchar que Dios nos dice “Este es mi Hijo, el amado. mi predilecto, Escuchadlo”. Y la voz de Jesús nos dice, “Levantaos, no temáis”.
Y sentimos, en el silencio, la cálida voz de Jesús que nos tranquiliza, nos llena de paz y nos ayuda a bajar la montaña para volver a la vida cotidiana, con paz en el corazón y sintiendo a Dios en nuestro interior.
2020/03/24
Ciclo A Domingo V del Tiempo de Cuaresma (ACUA05)
¡Creo, Señor!
Hoy reviviremos el proceso de catequesis que ha supuesto la Cuaresma. A través de los textos de Mateo y Juan, hemos vivido la propuesta de conversión que se hacía a los catecúmenos adultos que querían bautizarse. ¿Podemos permanecer indiferentes tras andar este camino? Te proponemos que pares un momento y revises tu vida a la luz de estos evangelios.
La Pascua está a la vuelta de la esquina. ¡Apasiónate!
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Tiempo de Cuaresma 5
2020/03/03
Ciclo A Domingo II del Tiempo de Cuaresma (ACUA02)
¿Qué hace grande a una persona?
La contemplación de Jesús y de su misterio nos proyecta hacia una mayor intimidad con Él.
Acogemos esta manifestación de Dios en Jesús, su Hijo Amado, que nos alcanza de pleno en nuestra más profunda interioridad.
Nos abre una puerta a la inmensidad del sentido de nuestra existencia en el encuentro definitivo, pleno y para siempre, con Jesús, nuestro único bien..
Es una llamada a ser de Jesús, en sus pasos, en el latir de su corazón con su sentir; en esa entrega total que le lleva a dar del todo su vida.
Exclamamos también como los apóstoles: ¡Qué bien se está aquí Jesús! Siempre contigo en la vida y en la muerte.
Es nuestra vida un caminar enamorados de Aquél que nos ama más que nosotros mismos. .
Ser y estar siempre con Él. Conectar con lo más profundo de mi existencia.
Necesitamos momentos de intimidad con Él... Aquí... Ahora... En un abrazo profundo de voluntades.
Acogemos esta manifestación de Dios en Jesús, su Hijo Amado, que nos alcanza de pleno en nuestra más profunda interioridad.
Nos abre una puerta a la inmensidad del sentido de nuestra existencia en el encuentro definitivo, pleno y para siempre, con Jesús, nuestro único bien..
Es una llamada a ser de Jesús, en sus pasos, en el latir de su corazón con su sentir; en esa entrega total que le lleva a dar del todo su vida.
Exclamamos también como los apóstoles: ¡Qué bien se está aquí Jesús! Siempre contigo en la vida y en la muerte.
Es nuestra vida un caminar enamorados de Aquél que nos ama más que nosotros mismos. .
Ser y estar siempre con Él. Conectar con lo más profundo de mi existencia.
Necesitamos momentos de intimidad con Él... Aquí... Ahora... En un abrazo profundo de voluntades.
2019/03/11
Ciclo C Domingo del Tiempo de Cuaresma 2 (CCUA02)
Este es mi hijo, el Elegido, ¡escuchadlo!
Nosotros, los discípulos de Jesús, estamos llamados a ser personas que escuchan su voz y se toman en serio sus palabras. Para escucha a Jesús, tenemos que seguirlo, tal como hacían las multitudes en el Evangelio, que lo reconocían por las calles de Palestina.
Jesús no tenía una cátedra o un púlpito fijos, sino que era un maestro itinerante, que proponía sus enseñanzas a lo largo de las calles, recorriendo distancias no siempre previsibles y, a veces algo incómodas.
De este episodio de la Transfiguración, hay dos elementos significativos, en dos palabras: subida y bajada. Tenemos necesidad de apartarnos en un espacio de silencio - de subir a la montaña - para reencontrarnos con nosotros mismos y percibir mejor la voz del Señor. ¡Pero no podemos quedarnos ahí! El encuentro con Dios en la oración nos impulsa nuevamente a bajar de la montaña y a volver hacia abajo, a la llanura, donde nos encontramos con muchos hermanos abrumados por fatigas, injusticias, pobreza material y espiritual.
A estos hermanos nuestros que están en dificultad, estamos llamados a brindarles los frutos de la experiencia que hemos vivido con Dios, compartiendo con ellos los tesoros de la gracia recibida. Pero, si no hemos estado con Dios, si nuestro corazón no ha sido consolado ¿Cómo podremos consolar a otros? Aprendiendo un poco más a «subir» con la oración y a bajar con la caridad fraterna.
Jesús no tenía una cátedra o un púlpito fijos, sino que era un maestro itinerante, que proponía sus enseñanzas a lo largo de las calles, recorriendo distancias no siempre previsibles y, a veces algo incómodas.
De este episodio de la Transfiguración, hay dos elementos significativos, en dos palabras: subida y bajada. Tenemos necesidad de apartarnos en un espacio de silencio - de subir a la montaña - para reencontrarnos con nosotros mismos y percibir mejor la voz del Señor. ¡Pero no podemos quedarnos ahí! El encuentro con Dios en la oración nos impulsa nuevamente a bajar de la montaña y a volver hacia abajo, a la llanura, donde nos encontramos con muchos hermanos abrumados por fatigas, injusticias, pobreza material y espiritual.
A estos hermanos nuestros que están en dificultad, estamos llamados a brindarles los frutos de la experiencia que hemos vivido con Dios, compartiendo con ellos los tesoros de la gracia recibida. Pero, si no hemos estado con Dios, si nuestro corazón no ha sido consolado ¿Cómo podremos consolar a otros? Aprendiendo un poco más a «subir» con la oración y a bajar con la caridad fraterna.
(Papa Francisco)
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