Hoy el Evangelio de Lucas nos lleva al Gólgota para comprobar el amor inquebrantable de Jesús. Asistimos a las burlas de todos los que consideran que Jesús es un loco que se cree Rey. Sin embargo, no son capaces de ver más allá de las palabras. Su Reino es diferente, no es un reino de gloria y de poder, sino de servicio, amor y entrega total, para rescatar al ser humano del mal, el pecado y la muerte.
Nadie se ha fijado en su mirada compasiva hacia el ser humano, hasta que, en medio de todas estas burlas, surge una invocación: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Solo una persona es capaz de ver su inocencia, confesar su culpa y, lleno de confianza, pedirle que se acuerde él. Jesús le responde de inmediato: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Los dos agonizan, unidos en el desamparo y la impotencia. Pero hoy mismo estarán los dos juntos disfrutando de la vida del Padre.
La Cruz nos habla del Amor crucificado de Dios y nos invita a seguir su ejemplo. Lo que nos pide, de manera insistente, no es besar la Cruz sino cargar con ella. Nos dice: «Si alguno viene detrás de mí, que cargue con su cruz y me siga».
En nuestro mundo actual, ¿qué vemos nosotros ahora en la cruz de Jesús?, ¿Con qué cruz le seguimos?
Cada semana, unimos la Palabra y el canto para ayudar a profundizar en la Oración.
Los cascabeles nos llaman a la oración y nos recuerdan la Alegría del Evangelio.
Los cascabeles nos llaman a la oración y nos recuerdan la Alegría del Evangelio.
2019/11/17
Ciclo C Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario (CTOR34)
¡Señor, acuerdate de mí!
2019/11/14
Ciclo C Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario (CTOR33)
¡Mirad que nadie os engañe!
Según el relato de Lucas, los tiempos difíciles no han de ser tiempos de lamentos y desaliento. No es tampoco la hora de la resignación o la huida. La idea de Jesús es otra. Precisamente en tiempos de crisis “tendréis ocasión de dar testimonio”. Es entonces cuando se nos ofrece la mejor ocasión de dar testimonio de nuestra adhesión a Jesús y a su proyecto.
Tal vez, lo primero es revisar nuestra actitud de fondo: ¿Nos hemos posicionado de manera responsable, despertando en nosotros un sentido básico de solidaridad, o estamos viviendo de espaldas a todo lo que puede turbar nuestra tranquilidad? ¿Qué hacemos desde nuestros grupos y comunidades cristianas? ¿Nos hemos marcado una línea de actuación generosa, o vivimos celebrando nuestra fe al margen de lo que está sucediendo?
No hemos de olvidar que la crisis no solo crea un empobrecimiento material. Genera, además, inseguridad, miedo, impotencia y experiencia de fracaso. Rompe proyectos, hunde familias, destruye la esperanza. ¿No hemos de recuperar la importancia de la ayuda entre familiares, el apoyo entre vecinos, la acogida y el acompañamiento desde la comunidad cristiana...? Pocas cosas pueden ser más nobles en estos momentos que el aprender a cuidarnos mutuamente.
Tal vez, lo primero es revisar nuestra actitud de fondo: ¿Nos hemos posicionado de manera responsable, despertando en nosotros un sentido básico de solidaridad, o estamos viviendo de espaldas a todo lo que puede turbar nuestra tranquilidad? ¿Qué hacemos desde nuestros grupos y comunidades cristianas? ¿Nos hemos marcado una línea de actuación generosa, o vivimos celebrando nuestra fe al margen de lo que está sucediendo?
No hemos de olvidar que la crisis no solo crea un empobrecimiento material. Genera, además, inseguridad, miedo, impotencia y experiencia de fracaso. Rompe proyectos, hunde familias, destruye la esperanza. ¿No hemos de recuperar la importancia de la ayuda entre familiares, el apoyo entre vecinos, la acogida y el acompañamiento desde la comunidad cristiana...? Pocas cosas pueden ser más nobles en estos momentos que el aprender a cuidarnos mutuamente.
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Llegará un día que no quedaré piedra sobre piedra,
Mirad que nadie os engañe,
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Tiempo Ordinario 33
2019/11/05
Ciclo C Domingo XXXII del Tiempo Ordinario (CTOR32)
¡Con gozo a la plenitud de la vida!
Muchas veces pensamos que hemos venido a este mundo a sufrir, pero hoy, Jesús nos anuncia en el Evangelio que «Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos; porque para Él todos están vivos» y nos llama a trabajar por el Reino de Dios y su justicia hoy, aquí y ahora.
El Señor nos quiere vivos. ¿Sentimos que el Señor resucita en nosotros? ¿Nos sentimos resucitados? ¿Somos capaces de transmitir resurrección a nuestro alrededor?
El Evangelio nos transmite momentos de resurrección, momentos de salvación, momentos de conversión. Pero nos cuesta reconocer al Resucitado a simple vista, necesitamos escuchar su voz en lo más profundo, convertirnos y sentirnos resucitados.
El Evangelio nos dice que hay que volver a Galilea, que allí nos espera Jesús, y releer el Evangelio desde la experiencia de la Resurrección y volver al origen, a lo sencillo y radical de nuestra fe. Y desde ahí, caminar hacia Emaús al encuentro de Jesús y de la comunidad.
Y dejarnos transformar por la Palabra y trabajar por transmitir momentos de resurrección a nuestro alrededor, amando y sintiéndonos amados, y hacer sentir a los demás que están vivos y que Dios les ama.
¿Somos capaces?
El Señor nos quiere vivos. ¿Sentimos que el Señor resucita en nosotros? ¿Nos sentimos resucitados? ¿Somos capaces de transmitir resurrección a nuestro alrededor?
El Evangelio nos transmite momentos de resurrección, momentos de salvación, momentos de conversión. Pero nos cuesta reconocer al Resucitado a simple vista, necesitamos escuchar su voz en lo más profundo, convertirnos y sentirnos resucitados.
El Evangelio nos dice que hay que volver a Galilea, que allí nos espera Jesús, y releer el Evangelio desde la experiencia de la Resurrección y volver al origen, a lo sencillo y radical de nuestra fe. Y desde ahí, caminar hacia Emaús al encuentro de Jesús y de la comunidad.
Y dejarnos transformar por la Palabra y trabajar por transmitir momentos de resurrección a nuestro alrededor, amando y sintiéndonos amados, y hacer sentir a los demás que están vivos y que Dios les ama.
¿Somos capaces?
2019/10/27
Ciclo C Domingo XXXI del Tiempo Ordinario (CTOR31)
¡Hoy voy a alojarme en tu casa!
El Evangelio de Lucas nos narra un episodio, casi anecdótico, ocurrido al atravesar la ciudad de Jericó. La gente se arremolinaba para ver a Jesús, unos para escucharle y otros por mera curiosidad. Entre estos últimos se encontraba Zaqueo, presentado como jefe de publicanos y rico. Para sus conciudadanos se trata de un pecador, alguien que sirve al dinero, no a Dios.
Zaqueo siente curiosidad por Jesús, quiere saber de quién se trata, por qué atrae a la gente. El acercamiento es complicado; Zaqueo es de baja estatura y entre la muchedumbre no puede ver a Jesús.
Muchos prejuicios dificultan su encuentro. Zaqueo se enfrenta a ellos con sinceridad y sencillez; deja de lado su dignidad de hombre importante y se acerca con la inocencia de un niño, subiéndose a un árbol.
Jesús, encuentra a los que le buscan con sinceridad y se acerca hasta Zaqueo y le proporciona el encuentro esa misma tarde en su casa. El encuentro transforma la vida de Zaqueo, deja de estar centrado en el dinero para centrarse en el sufrimiento de los demás y pone remedio a todas las injusticias que ha cometido con los demás.
Hay momentos decisivos en los que Jesús pasa por nuestra vida. No podemos dejarlo escapar. Nos podemos preguntar: ¿Todavía puedo cambiar? ¿No es ya demasiado tarde para rehacer una vida que, en buena parte, he echado a perder? ¿Qué pasos puedo dar?
Zaqueo siente curiosidad por Jesús, quiere saber de quién se trata, por qué atrae a la gente. El acercamiento es complicado; Zaqueo es de baja estatura y entre la muchedumbre no puede ver a Jesús.
Muchos prejuicios dificultan su encuentro. Zaqueo se enfrenta a ellos con sinceridad y sencillez; deja de lado su dignidad de hombre importante y se acerca con la inocencia de un niño, subiéndose a un árbol.
Jesús, encuentra a los que le buscan con sinceridad y se acerca hasta Zaqueo y le proporciona el encuentro esa misma tarde en su casa. El encuentro transforma la vida de Zaqueo, deja de estar centrado en el dinero para centrarse en el sufrimiento de los demás y pone remedio a todas las injusticias que ha cometido con los demás.
Hay momentos decisivos en los que Jesús pasa por nuestra vida. No podemos dejarlo escapar. Nos podemos preguntar: ¿Todavía puedo cambiar? ¿No es ya demasiado tarde para rehacer una vida que, en buena parte, he echado a perder? ¿Qué pasos puedo dar?
2019/10/22
Ciclo C Domingo XXX del Tiempo Ordinario (CTOR30)
¡Ten compasión de mí!
Hoy nos acercamos a orar, a ponernos ante Dios, a abrir nuestro corazón delante del Señor, en el silencio de la Capilla, y rodeados de otras personas que hacen lo mismo.
El Señor nos esperaba y nuestra boca, nuestro corazón, nuestros pensamientos, le hablan de lo que llevamos dentro.
Podemos escuchar la narración de Jesús y sentirnos reflejados en la actitud de uno u otro de los personajes que aparecen en ella. Cada uno lleva una imagen muy distinta de Dios en su interior.
Uno de ellos no sabe orar; vive al margen de Dios y cree que con cumplir la Ley es suficiente. En el fondo de su corazón, no necesita a Dios, le basta la Ley.
El otro, se siente indefenso ante Dios, se acerca sobrecogido, sin atreverse a decir nada ni a levantar los ojos en su presencia, simplemente espera que la misericordia de Dios le tenga en cuenta.
¿Cuál es nuestra actitud?
El Señor nos esperaba y nuestra boca, nuestro corazón, nuestros pensamientos, le hablan de lo que llevamos dentro.
Podemos escuchar la narración de Jesús y sentirnos reflejados en la actitud de uno u otro de los personajes que aparecen en ella. Cada uno lleva una imagen muy distinta de Dios en su interior.
Uno de ellos no sabe orar; vive al margen de Dios y cree que con cumplir la Ley es suficiente. En el fondo de su corazón, no necesita a Dios, le basta la Ley.
El otro, se siente indefenso ante Dios, se acerca sobrecogido, sin atreverse a decir nada ni a levantar los ojos en su presencia, simplemente espera que la misericordia de Dios le tenga en cuenta.
¿Cuál es nuestra actitud?
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