En comunidad, amar y ser amado, perdonar y ser perdonado, son caras de una misma moneda. Pedro pregunta: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces debo perdonar?” La respuesta nos la explica San Pablo cuando dice que el amor disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, no lleva cuentas del mal…
El Evangelio nos muestra cómo Dios nos perdona sea cual sea la ofensa y también lo que nos cuesta perdonar a nosotros. Para perdonar, necesitamos amar, sin límites, como Dios nos ama.
El perdón solo nace de un verdadero amor. Amor y perdón deben ser una actitud de nuestra vida, no algo momentáneo, no algo con condiciones. Y cuánto nos cuesta pedir perdón.in amor y perdón mutuo es difícil la vida comunitaria.
Sin amor y perdón mutuo es difícil la vida comunitaria.
Cada semana, unimos la Palabra y el canto para ayudar a profundizar en la Oración.
Los cascabeles nos llaman a la oración y nos recuerdan la Alegría del Evangelio.
Los cascabeles nos llaman a la oración y nos recuerdan la Alegría del Evangelio.
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2024/09/02
Ciclo A
XXIV Domingo del Tiempo Ordinario (ATOR24)
Amar y ser amado, perdonar y ser perdonado, también en comunidad
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2020/09/09
Ciclo A Domingo XXIV del Tiempo Ordinario (ATOR24)
El perdón, vivencia de un instante de eternidad
En la vivencia del perdón entramos en sintonía con los sentimientos de Jesús. Caminamos juntos, a nuestro paso, día a día por la senda que nos lleva a vivir esa unión de amor que nos transforma para ser cauce del perdón que recibimos del Señor.
Jesús nos lleva a la libertad interior y podemos así, al vivir las bienaventuranzas que Él nos enseñó, encaminarnos a sentir en lo más íntimo la realidad de esa liberación que nos lleva a vivir junto a Él, alejados de todo aquello que no nos deja ser nosotros mismos.
Nuestra vida es un regalo y Jesús nos ha manifestado como Dios es sólo amor y misericordia y aún más allá de la misericordia.
En Jesús “vivimos, nos movemos y existimos” y su perdón rebosa en nosotros cuando somos transparencia suya y nos hace libres y compartirlo en nuestras relaciones entre nosotros.
Jesús nos lleva a la libertad interior y podemos así, al vivir las bienaventuranzas que Él nos enseñó, encaminarnos a sentir en lo más íntimo la realidad de esa liberación que nos lleva a vivir junto a Él, alejados de todo aquello que no nos deja ser nosotros mismos.
Nuestra vida es un regalo y Jesús nos ha manifestado como Dios es sólo amor y misericordia y aún más allá de la misericordia.
En Jesús “vivimos, nos movemos y existimos” y su perdón rebosa en nosotros cuando somos transparencia suya y nos hace libres y compartirlo en nuestras relaciones entre nosotros.
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