El episodio de la pesca milagrosa es usado por cada evangelista con un fin pastoral diferente, y es relatado, incluso en un contexto temporal distinto. Juan lo emplea para redondear el eje de su evangelio: ¡Sígueme!, en forma de epílogo y con una tercera aparición del Resucitado.
Los discípulos, sin Jesús, no consiguen encontrar el foco de su misión. En comunidad y, con Pedro a la cabeza, quieren “pescar” (símbolo de esa misión), pero no lo consiguen: lo intentan de noche (la noche, en Juan, representa la ausencia de Jesús) y regresan con las manos vacías. Sin Jesús en el centro, la cosa no funciona…
Llevar a la vida la experiencia de resurrección no es tarea sencilla. Los discípulos no son capaces de reconocer a Jesús en ninguno de los episodios en los que él se manifiesta… A simple vista no le reconocen… Hace falta un signo, una palabra, un gesto para empezar a comprender.
El mensaje que da el Maestro es sencillo y directo: ni adoración, ni sacrificios, ni ofrendas. Solo pide que te preocupes por tus hermanos. Alto, claro y por triplicado, por si a la primera vez, no te habías enterado..
¿Aprovechas esta Pascua y te pones manos a la obra? Deja que resuene en ti su voz: “Sígueme”.
Cada semana, unimos la Palabra y el canto para ayudar a profundizar en la Oración.
Los cascabeles nos llaman a la oración y nos recuerdan la Alegría del Evangelio.
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2022/04/25
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