Muchas veces nos quedamos en la superficialidad de los mandamientos, y nos preocupa más cumplir las normas y los preceptos que lo que nos pide Jesús. De manera que, entre tanto ruido en nuestra vida, no prestamos atención a la voz de Dios que nos está diciendo otra cosa.
Si escuchamos lo que Dios nos dice, las normas y preceptos no nos dirán nada. Lo que oiremos será ¡Amarás! Y entonces el foco cambiará. Jesús nos pide amar “con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser…”
¿Cómo se ama así?
El escriba que pregunta a Jesús lo entiende muy bien, “amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. ¡Y a nosotros nos cuesta tanto…!
Para Jesús, Dios y el prójimo no se pueden separar. No se puede decir que se ama a Dios, si uno se desentiende del otro. Esa forma de entender el amor a Dios es una mentira.
Y nosotros, ¿Cómo amamos a Dios?
Cada semana, unimos la Palabra y el canto para ayudar a profundizar en la Oración.
Los cascabeles nos llaman a la oración y nos recuerdan la Alegría del Evangelio.
Los cascabeles nos llaman a la oración y nos recuerdan la Alegría del Evangelio.
2024/11/17
Ciclo B
Domingo XXX del Tiempo Ordinario
(BTOR30)
¡Maestro, haz que pueda ver!
¡Animo, levántate que Jesús te está llamando! Es tiempo de dejar de estar junto al camino, sin mirar a nuestro alrededor.
Sin mirar quién pasa a nuestro lado, ¡cómo podemos ayudar a los demás!
Es hora de dejar la ceguera y contemplar la luz de Dios que nos está llamando. Nos está pidiendo que soltemos el manto que nos mantiene al borde del camino y saltemos para ponernos en marcha, sin esperar un momento.
El Señor nos espera para iniciar la marcha a su lado, para seguir su camino, para que nos fijemos en las personas que están alrededor y que veamos que no estamos solos, y darnos cuenta que para seguir a Jesús, todos necesitamos de los demás.
Hagamos silencio en nuestro interior para poder escuchar la llamada de Jesús, a pesar de nuestros oídos sordos y de nuestra ceguera. Sigamos el ejemplo de Bartimeo y no perdamos la ocasión de seguir a Jesús que pasa por nuestra vida.
¡Jesús te llama! ¿Vas a quedarte al borde del camino?
Sin mirar quién pasa a nuestro lado, ¡cómo podemos ayudar a los demás!
Es hora de dejar la ceguera y contemplar la luz de Dios que nos está llamando. Nos está pidiendo que soltemos el manto que nos mantiene al borde del camino y saltemos para ponernos en marcha, sin esperar un momento.
El Señor nos espera para iniciar la marcha a su lado, para seguir su camino, para que nos fijemos en las personas que están alrededor y que veamos que no estamos solos, y darnos cuenta que para seguir a Jesús, todos necesitamos de los demás.
Hagamos silencio en nuestro interior para poder escuchar la llamada de Jesús, a pesar de nuestros oídos sordos y de nuestra ceguera. Sigamos el ejemplo de Bartimeo y no perdamos la ocasión de seguir a Jesús que pasa por nuestra vida.
¡Jesús te llama! ¿Vas a quedarte al borde del camino?
Ciclo B
Domingo XXIX del Tiempo Ordinario
(BTOR29)
¡El que quiera ser grande, sea vuestro servidor!
Hoy, también preguntamos ¿Qué hay de lo mío?, igual que Santiago y Juan, para buscar los puestos importantes y conseguir un atajo en el camino hacia el objetivo de mejorar nuestra posición.
Seguro que al igual que ellos, hoy tampoco sabemos lo que pedimos.
Pensamos que el poder nos permite hacer lo que queramos, estar por encima de los demás, ejercer opresión y tener a alguien que nos sirva.
Sin embargo, no es poder lo que nos pide Jesús. Si queremos participar en su proyecto, veremos que no se parece en nada al poder.
Si ponemos el foco en los débiles de la sociedad, en los que precisan nuestra ayuda, tenemos que mirar de otro modo. Desde una posición de poder no podemos hacer que nadie sienta nuestra acogida.
Si de verdad queremos solucionar problemas, no podemos mirar por encima del hombro, tenemos que mirar a los ojos, desde enfrente, escuchando, entendiendo los problemas para enfocar mejor la situación y buscar soluciones que verdaderamente sirvan.
Seguro que al igual que ellos, hoy tampoco sabemos lo que pedimos.
Pensamos que el poder nos permite hacer lo que queramos, estar por encima de los demás, ejercer opresión y tener a alguien que nos sirva.
Sin embargo, no es poder lo que nos pide Jesús. Si queremos participar en su proyecto, veremos que no se parece en nada al poder.
Si ponemos el foco en los débiles de la sociedad, en los que precisan nuestra ayuda, tenemos que mirar de otro modo. Desde una posición de poder no podemos hacer que nadie sienta nuestra acogida.
Si de verdad queremos solucionar problemas, no podemos mirar por encima del hombro, tenemos que mirar a los ojos, desde enfrente, escuchando, entendiendo los problemas para enfocar mejor la situación y buscar soluciones que verdaderamente sirvan.
2024/10/09
Ciclo B
Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario
(BTOR28)
¡Jesús te mira con cariño!
Jesús se queda mirando con cariño al joven rico, cuando le dice que cumple desde pequeño con los mandamientos que se refieren a cómo tratamos a los demás. También a nosotros nos mira con cariño, nos llama, nos invita, nos anima, camina delante de nosotros guiándonos, aunque no nos demos cuenta.
Jesús nos dirige su mirada incitándonos a subir un nuevo escalón para seguirle. Jesús nos mira con la fuerza de su amor y nos pide mirar como mira Él, con bondad, acogimiento y actuar con amor con los demás.
La lectura de Hb 4, 12-13 nos dice que la palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo; penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón. Nada se le oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.
La lectura del Libro de la Sabiduría Sb 7, 7-11, nos dice: Supliqué y me fue dada la prudencia, invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría.
La preferí a cetros y tronos y a su lado en nada tuve la riqueza.
No la equiparé a la piedra más preciosa, porque todo el oro ante ella es un poco de arena y junto a ella la plata es como el barro.
La quise más que a la salud y la belleza y la preferí a la misma luz, porque su resplandor no tiene ocaso.
Con ella me vinieron todos los bienes juntos, tiene en sus manos riquezas incontables.
Jesús nos dirige su mirada incitándonos a subir un nuevo escalón para seguirle. Jesús nos mira con la fuerza de su amor y nos pide mirar como mira Él, con bondad, acogimiento y actuar con amor con los demás.
La lectura de Hb 4, 12-13 nos dice que la palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo; penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón. Nada se le oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.
La lectura del Libro de la Sabiduría Sb 7, 7-11, nos dice: Supliqué y me fue dada la prudencia, invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría.
La preferí a cetros y tronos y a su lado en nada tuve la riqueza.
No la equiparé a la piedra más preciosa, porque todo el oro ante ella es un poco de arena y junto a ella la plata es como el barro.
La quise más que a la salud y la belleza y la preferí a la misma luz, porque su resplandor no tiene ocaso.
Con ella me vinieron todos los bienes juntos, tiene en sus manos riquezas incontables.
2024/10/01
Ciclo B
Domingo XXVII del Tiempo Ordinario
(BTOR27)
¡Ilumínanos para ver con tu mirada!
Jesús responde a los fariseos y con ello nos llama la atención sobre la aplicación de una Ley. Una Ley que excluye y causa dolor es una Ley injusta.
Hoy, al igual que en época de Moisés, hay familias rotas, personas excluidas. La diferencia es que entonces, la mujer era repudiada, expulsada de su casa y pasaba a ser una excluida de la sociedad. Jesús quería poner de manifiesto que en el repudio, hombre y mujer no son iguales.
Hoy sigue habiendo familias rotas, corazones destrozados, mucho sufrimiento y personas excluidas, en muchos casos, mujeres. La pobreza tiene rostro mayoritariamente de mujer. En esta situación, ¿Cuál es nuestra actitud? Nos podemos preguntar, ¿qué haría Jesús?
Jesús acoge a los niños, que representan a los más débiles. Quiere llamar nuestra atención para que quitemos obstáculos ante los que más necesitan de nosotros, los niños, los excluidos, los que no cuentan, los que sufren y también las familias rotas. ¿Cómo acogemos nosotros hoy?
Hoy, al igual que en época de Moisés, hay familias rotas, personas excluidas. La diferencia es que entonces, la mujer era repudiada, expulsada de su casa y pasaba a ser una excluida de la sociedad. Jesús quería poner de manifiesto que en el repudio, hombre y mujer no son iguales.
Hoy sigue habiendo familias rotas, corazones destrozados, mucho sufrimiento y personas excluidas, en muchos casos, mujeres. La pobreza tiene rostro mayoritariamente de mujer. En esta situación, ¿Cuál es nuestra actitud? Nos podemos preguntar, ¿qué haría Jesús?
Jesús acoge a los niños, que representan a los más débiles. Quiere llamar nuestra atención para que quitemos obstáculos ante los que más necesitan de nosotros, los niños, los excluidos, los que no cuentan, los que sufren y también las familias rotas. ¿Cómo acogemos nosotros hoy?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




