Desde el silencio contemplativo de María y José, con el que nos han enseñado a vivir los acontecimientos en torno al nacimiento del niño Jesús y su misterio, nos acercamos al bautismo de Jesús en el Jordán.
Los cielos se abren y Dios Padre se manifiesta plenamente en Jesús: “Tú eres mi Hijo amado”.
Jesús se une a la multitud y asume nuestra condición humana. El Espíritu Santo desciende sobre Él y comienza una nueva creación.
Así Jesús, en su abajamiento, se sumerge en nuestras profundidades, en nuestras raíces humanas y en nuestros sentimientos, en nuestros deseos banales, necesidades, pérdidas y carencias de amor, para darles un sentido nuevo, trascendente, para transformar nuestros corazones y llevarlos a la plenitud de hijos de Dios.
El Espíritu de Dios nos conduce a vivir en Él todas las dificultades y tristezas y, también, los gozos y alegrías que estamos viviendo, con un sentido profundo, sabiendo que Jesús es todo nuestro bien y nuestra salvación plena.
Cada semana, unimos la Palabra y el canto para ayudar a profundizar en la Oración.
Los cascabeles nos llaman a la oración y nos recuerdan la Alegría del Evangelio.
Los cascabeles nos llaman a la oración y nos recuerdan la Alegría del Evangelio.
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2021/01/05
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