Hoy el Evangelio nos ofrece un sorprendente diálogo entre Pilato y Jesús, un poderoso romano y un reo que se presenta como testigo de la verdad. Se trata de una conversación impensable entre un preso y su verdugo. Hablan lenguajes diferentes y es imposible que se entiendan, porque los conceptos que manejan son inconcebibles para el otro.
Jesús no pertenece al sistema de Roma, no se apoya en la fuerza de las armas. Tiene una base completamente diferente: Jesús nos dice: “Mi reino no es de este mundo” y su realeza proviene del amor de Dios al mundo. Se trata de un Rey sencillo, que pasa hambre, se siente solo y nos pide ayuda a cada uno de nosotros. Nos dice que detrás de cada uno de los más débiles de la sociedad, está Él.
Ha nacido para dar testimonio de la verdad y sólo le entienden los que son de la VERDAD: “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz".
Nos preguntamos, ¿Cuál es nuestro Reino?, ¿Qué voz escuchamos?, ¿Qué verdad buscamos?
Cada semana, unimos la Palabra y el canto para ayudar a profundizar en la Oración.
Los cascabeles nos llaman a la oración y nos recuerdan la Alegría del Evangelio.
Los cascabeles nos llaman a la oración y nos recuerdan la Alegría del Evangelio.
Mostrando entradas con la etiqueta (Mc 13_24-32). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta (Mc 13_24-32). Mostrar todas las entradas
2024/11/17
Ciclo B
Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
(BTOR33)
¡Tus palabras no pasarán!
Estamos llegando al final del año litúrgico y las lecturas se van volviendo más apocalípticas. Al final de todos los tiempos, está Dios. No cualquier Dios, sino el Dios revelado en Jesucristo. El Dios de Jesús. De ahí la importancia de nuestra relación con Jesús, clave de la manifestación de Dios al hombre. A ti.
Un Dios que quiere la vida, la dignidad y la dicha plena del ser humano. De todos. Todo queda en sus manos. Él tiene la última palabra. Un día cesarán los llantos y el dolor, y reinarán la paz y el amor. Ahí radica nuestra esperanza. Esta es la firme esperanza del cristiano enraizada en la promesa del Señor
"El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán».
No caminamos hacia la nada y el vacío. Nos espera el abrazo amoroso del Padre.
Su generosidad nos envuelve. Sabe lo que es pasar necesidad y ayuda desde la oscuridad, el silencio, el sentirse útil, sin querer ser protagonista.
Un Dios que quiere la vida, la dignidad y la dicha plena del ser humano. De todos. Todo queda en sus manos. Él tiene la última palabra. Un día cesarán los llantos y el dolor, y reinarán la paz y el amor. Ahí radica nuestra esperanza. Esta es la firme esperanza del cristiano enraizada en la promesa del Señor
"El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán».
No caminamos hacia la nada y el vacío. Nos espera el abrazo amoroso del Padre.
Su generosidad nos envuelve. Sabe lo que es pasar necesidad y ayuda desde la oscuridad, el silencio, el sentirse útil, sin querer ser protagonista.
Etiquetas:
(Mc 13_24-32),
Canto y Oración,
Ciclo B,
El cielo y la tierra pasarán mas mis palabras no pasarán,
Oración,
Tiempo Ordinario 33,
Tus palabras no pasarán
2018/11/07
Ciclo B Domingo 33 del Tiempo Ordinario (BTOR33)
Tus palabras no pasarán...
Estamos llegando al final del año litúrgico y las lecturas se van volviendo más apocalípticas. Al final de todos los tiempos, está Dios. No cualquier Dios, sino el Dios revelado en Jesucristo. El Dios de Jesús. De ahí la importancia de nuestra relación con Jesús, clave de la manifestación de Dios al hombre. A ti.
Un Dios que quiere la vida, la dignidad y la dicha plena del ser humano. De todos. Todo queda en sus manos. Él tiene la última palabra. Un día cesarán los llantos y el dolor, y reinarán la paz y el amor. Ahí radica nuestra esperanza. Esta es la firme esperanza del cristiano enraizada en la promesa del Señor:
«El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán».
No caminamos hacia la nada y el vacío. Nos espera el abrazo amoroso del Padre.
Un Dios que quiere la vida, la dignidad y la dicha plena del ser humano. De todos. Todo queda en sus manos. Él tiene la última palabra. Un día cesarán los llantos y el dolor, y reinarán la paz y el amor. Ahí radica nuestra esperanza. Esta es la firme esperanza del cristiano enraizada en la promesa del Señor:
«El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán».
No caminamos hacia la nada y el vacío. Nos espera el abrazo amoroso del Padre.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


